23 feb 2020

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Dos miradas

Una señora muestra la bandera española ante una joven con el rostro tapado que exhibe una estelada.

JUAN CAMILO MORENO

Pensar que el independentismo catalán ha reavivado el fascismo es una falacia barata, el recurso fácil para explicarlo todo

Pensar que el independentismo catalán ha reavivado el fascismo esconde una consideración previa: la igualación de los dos movimientos. Así lo cree Eduardo Mendoza, por ejemplo, en una entrevista en 'La Stampa': el auge de la extrema derecha proviene de una "especie de ofensa nacional" que ha provocado la "reacción visceral de mucha gente". Ofensa y reacción. También lo cree Javier Cercas, en el 'Corriere della Sera': "la extrema derecha nace de la revuelta catalana. El nacionalismo llama al nacionalismo, la brutalidad a la brutalidad". Esta es la trampa abyecta de quien pretende igualar una reivindicación democrática (plagada de errores y sombras) con un airado, furibundo regreso a los más elementales principios del odio.

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No es lo mismo y, por tanto, la relación causa/efecto es una falacia barata, el recurso fácil para explicarlo todo, un bálsamo banal para la llaga. El mismo Cercas dice que los salvadores de España son los Mossos, porque "se han comportado como los generales fieles a la República que combatieron a Franco". Maquillar el fascismo es eso. Llamarles "extremistas modernos", como hace Mendoza, o rebajar su brutalidad a costa de inventarse otra de inexistente.