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IDEAS

Hablemos del tiempo

ACN / ESTEFANÍA ESCOLA

Hablemos del tiempo

Josep Maria Pou

Me propongo no perturbar su jornada de reflexión con materias que puedan rozar, ni lejanamente, esa dermatitis política que nos afecta y que nos tiene a todos con la piel fina, muy fina, hipersensible. Nada de rozaduras, pues. Nada de "a quien le pique, que se rasque", porque hace demasiado tiempo que andamos todos con prurito y estamos más que hartos de rascarnos. Sea esta una jornada de descanso. Una pausa. Un baño hidratante con miel y aceite de almendras. Un "no va más", reparador. Un silencio que alivie.

Una dermatitis política nos afecta y nos tiene a todos con la piel fina, muy fina, hipersensible

¿De qué hablaremos, pues? De lo que se habla cuando no se quiere hablar de lo que importa: del tiempo y del sexo de los ángeles. Descarto el tema angélico por tópico y absurdo, algo que no puede entenderse sino como metáfora de una tonta y estúpida pérdida de tiempo. Hagan memoria y díganme, de verdad, si han entrado, alguna vez, en esa conversación. O si han oído a alguien, alguna vez, cruzando diatribas al respecto. Yo, nunca. Dejemos a los ángeles en su nube (¡qué suerte tienen algunos!) y sigamos nosotros en el barro.

Hablemos, pues, del tiempo. Pero no del 'tempus fugit' ni del 'carpe diem', sino del otro, del tiempo meteorológico: que si por fin ha llegado el frío, que si nunca había hecho tanto calor en octubre, que si en Barcelona no hace falta abrigo en invierno, que en Madrid, en cambio, tienen un frío que penetra y queda, que si la lluvia anda desbocada, que si el huracán, que si el tsunami, que si los pantanos a la baja y el mar cada vez más alto, que si la tierra está que arde y los glaciares se licúan, que si el cambio climático, que si los gobiernos a la greña y sin hacer nada al respecto, que si el acuerdo de París, que si Trump lo está jodiendo todo... ¿Lo ven? Imposible. Empezamos hablando del tiempo y acabamos hablando de política. De políticas. Y de políticos.

Pero no hoy. Hoy toca punto en boca. Hoy a reflexionar. Y mañana a votar. Con la nariz tapada, de espaldas y con el voto al bies, si es preciso. Pero a votar.

Y a esperar que el lunes haga mejor tiempo.