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el problema de la inmigración

El presidente francés, Emmanuel Macron, en una imagen de archivo.

ERIC GAILLARD (AFP)

Por la senda de Sarkozy

José A. Sorolla

Macron copia otra idea de su antecesor: la imposición de cuotas para la inmigración por razones profesionales

Emmanuel Macron cada día se parece más a Nicolas Sarkozy. Cuando al expresidente francés se le cuestionaba su escaso europeísmo, respondía que él quería una “Europa protectora” y que uno de los principales fallos de la Unión Europea era la desprotección de los ciudadanos frente a los estragos de la globalización, lo que provocaba el ascenso de los populismos y de la extrema derecha. Esta idea fue adoptada muy pronto por Macron, casi nada más llegar al palacio del Elíseo. Ahora, el presidente copia otra idea de su antecesor: la imposición de cuotas para la inmigración por razones profesionales, sin tener en cuenta la nacionalidad, con el objetivo de cubrir los empleos necesitados de mano de obra, que se calculan en 150.000 puestos de trabajo. Con otro nombre, es lo mismo que defendía Sarkozy hace 12 años cuando proponía la “inmigración seleccionada o elegida” ('choisie'), una iniciativa que fracasó y fue abandonada por Los Republicanos, el partido de la derecha tradicional.

Además de la inmigración con objetivos profesionales, las 20 medidas aprobadas por el Gobierno incluyen restricciones sanitarias a los simpapeles y a los demandantes de asilo (los peticionarios tendrán que esperar tres meses para acceder a la sanidad pública, excepto en casos de urgencia, y la atención a los rechazados se reducirá de 12 a seis meses), el refuerzo de la lucha contra la inmigración irregular, la apertura de tres nuevos centros de retención y el desmantelamiento de los campamentos de inmigrantes en las cercanías de París, a la vez que se endurecen los requisitos para obtener la nacionalidad. El objetivo confesado es la lucha contra el fraude y el “turismo sanitario”. El objetivo inconfesado es la disputa con la extrema derecha de Marine Le Pen cara a las elecciones municipales de marzo próximo y, sobre todo, las presidenciales del 2022. Frente a la xenofobia y el extremismo antiinmigratorio del Reagrupamiento Nacional (nuevo nombre del Frente Nacional), Macron quiere mantener un equilibrio (no se restringe el reagrupamiento familiar, por ejemplo, el principal motivo de la entrada de inmigrantes), pero es muy dudosa la eficacia de las medidas adoptadas.

Un centenar de revisiones

Desde 1945 hasta ahora, según un estudio de 'Le Monde', Francia ha reformado un centenar de veces las leyes sobre inmigración (una revisión cada dos años de media). La última ley, que ahora se retoca, data solo de hace un año. Sin embargo, ninguna ha servido para regular o controlar el fenómeno porque los movimientos migratorios dependen más de factores externos (pobreza, guerras, etcétera) que de la aplicación de las leyes. Desde los años 80, las reformas han ido destinadas a frenar a la extrema derecha, con un fracaso evidente. Macron tiene razón cuando dice que, “durante décadas, la izquierda no ha querido ver este problema, así que las clases populares [las más afectadas] han migrado hacia la extrema derecha”, pero apoyar las restricciones que rozan lo que defiende Marine Le Pen y acercarse a su discurso también contribuye a fortalecer el extremismo ultraderechista.