29 may 2020

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LA CLAVE

Disturbios en la plaza Urquinaona, el viernes.

Los chicos de la gasolina

Luis Mauri

Catalunya no es Euskadi. La comparación es desaforada, pero sí hay un paralelismo escalofriante: la complacencia del independentismo con la violencia callejera remite a la condescendencia del PNV de Arzalluz con la 'kale borroka'

Una sombra espesa y fría oscurece los días en Catalunya. La violencia inflama las calles y el indepedentismo se enreda con ella. Pero vayamos por puntos.

Uno. Catalunya no es Euskadi. El nacionalismo catalán siempre ha sentido una fascinación contradictoria por el vasco. Es un encantamiento muy complejo, donde colisionan la admiración, la envidia, el desconsuelo y cierto resentimiento. Pero la historia reciente de Catalunya no está poblada por los fantasmas de Euskadi.

El terrorismo nacionalista vasco mató a 854 personas entre 1968 y el 2010. En Catalunya, los atentados independentistas acabaron con la vida de ocho personas, la mitad de ellas terroristas, entre 1977 y 1991. El Exèrcit Popular Català mató a tres antes de disolverse en Terra Lliure. Las acciones de esta última banda segaron la vida de cinco más. Militantes de Terra Lliure se mudaron a ERC tras la disolución de la banda y la renuncia a la violencia. Uno de aquellos terroristas, Carles Sastre, condenado por el asesinato del empresario José María Bultó, dirige hoy el brazo sindical del independentismo.

Catalunya no es Euskadi. Pese al empeño de algunos, en Catalunya la violencia no gozó de infiltración ni respaldo sociales significativos. Pero tampoco el independentismo había pasado nunca hasta hace cuatro años de la barrera electoral del 17%, ni sus líderes habían empujado a los suyos a una quimera unilateral. Los paradigmas cambian a toda velocidad. Y no son inocuos.

'Kale borroka'

Dos. La violencia asoma ahora el hocico en Catalunya. La comparación plana de la furia incendiaria de estos días con la kale borroka es desaforada. No hay prolongación suficiente en el tiempo ni, sobre todo, nexo terrorista.

Y tres. Sí existe un paralelismo escalofriante entre Catalunya y Euskadi: la complacencia con la violencia callejera por parte de miembros del Govern y otros dirigentes nacionalistas. El no són violents, són valents que remite a la condescendencia del PNV de Arzalluz con los chicos de la gasolina: "Molestan, pero no son el problema de este pueblo" (1997). A Paluzie, líder de la ANC, ni siquiera le molestan.