28 feb 2020

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análisis

Messi desborda a dos jugadores del Eibar en el partido del sábado.

ÁLVARO BARRIENTOS (AP)

Olvidar Praga, recordar Eibar

Antonio Bigatà

Olvidaremos Praga pero nos acordaremos de Eibar. Si la temporada acaba bien tendremos que añadir al rosario de momentos históricos importantes del Barça aquel mediodía de Ipurúa en que durante bastantes minutos funcionó por primera vez el encaje de Griezmann con el dúo dinámico Suárez-Messi. Dejaron de molestarse por no encontrar los respectivos sitios de convivencia y sumaron esfuerzos: los tres juntos valían por cuatro.

En su momento no pareció que sucediese nada particularmente deslumbrante; era la modesta ciudad vasca de Eibar y no el escenario de una gran final europea; era la Sociedad Deportiva Eibar y no uno de los grandes adversarios tradicionales; pero si este año tocamos la gloria allí empezó todo. Como naves espaciales viajando en el cielo, durante un buen rato por fin se acoplaron e intercambiaron combustibles, conocimientos y poderes. Y aunque Griezmann no es todavía lo que esperamos, aunque Suárez tiene intermitencias con inactividad dentro del campo, y aunque Messi está lejos de su estado de gracia habitual, bailaron juntos –no yuxtapuestos— y marcaron goles los tres.

Las posibilidades de De Jong y Arthur

La clave no estuvo sólo en las piernas y el cerebro de este trío. En Eibar, aprovechando bien los espacios abiertos, también se entrevieron las enormes posibilidades de De Jong y Arthur gobernando en pareja el nuevo juego del Barça. Messi quedó para otras cosas, tal como poco a poco nos iremos acostumbrando a verle en el futuro, reservándose para grandes goles asestados con golpes secos al cuello de la organización defensiva contraria con el lateral de mano y para virguerías selectas con el balón pegado a los pies.

El partido tuvo otras cosas positivas, como la nueva impermeabilización absoluta de la portería que logró Ter Stegen y la brillante reaparición a alto nivel de Umtiti, un central más necesario de lo que la mayoría cree después de que todos tengamos derecho a sospechar posibles presiones interiores de los que están para que no viniese De Ligt a traer el aire fresco rejuvenecedor que Valverde ya ha encontrado para el centro del campo. 

Enorme despeje de Ter Stegen en uno de sus milagros en Praga / ONDOEJ DEMI (Dpa) 

Afortunadamente, para que continuemos siendo realistas y seamos conscientes del mucho trabajo de puesta a punta que tiene todavía por delante el Barça, llegó enseguida Praga. Ahí rebrotaron las precariedades. Ni el equipo encontró a Griezmann ni Griezmann se acopló esta vez a su pareja de  referencia (Eibar fue el camino, no el destino alcanzado); Messi desaprovechó en sus horas medianas varias oportunidades de marcar; Piqué Busquets lucharon pero sin conseguir disimular que en su último cumpleaños debieron brindar felices pero perdieron chispa de celeridad en los reflejos; Arturo Vidal por primera vez no arregló nada cuando salió a hacer de bombero de emergencia, y en el rato que actuó Dembélé hubo mucho burbujeo veloz pero el conjunto no recuperó peso. ¿Qué hicieron De Jong y Arthur? Luchar, luchar mucho, pero sin ofrecer esta vez consistencia ante un once que les ocupó todo el espacio disponible. Ganar gracias a los milagros de Ter Stegen y a un churro de Suárez da tres puntos y engrandecen la estadística, poco más.

Geografía en los tiempos de Franco

Hace muchas décadas en mi colegio nos pedían que no olvidásemos a Eibar. En la alfabetización memorística Eibar era el primer nombre de la lista de pueblos importantes de Guipúzcoa. Si te acordabas de Eibar luego te venían a la mente como cerezas Elgoibar, Azpeitia, Tolosa, Irún, Rentería, Beasaín y Vergara, pues así las llamábamos y escribíamos en tiempos de Franco. Quisiera que a fínales de esta temporada nos acordemos de Eibar y que su nombre lo encadenemos a continuación con las palabras Triplete, Conjuntado, Griezmann, Suárez, Messi, Liga, Copa y Champions. Nuestro premio sería asimismo una banda de honor rotulada que pondría “Excelencia”, como entonces.