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Conflicto en Oriente Próximo

Siria, los kurdos y los aliados de usar y tirar

MARÍA TITOS

Siria, los kurdos y los aliados de usar y tirar

Eduard Soler Lecha

Existe una tendencia cada vez más acentuada en Oriente Próximo: las alianzas líquidas, permanentemente cuestionadas, inestables y movidas por el miedo

En menos de dos semanas las alianzas en la guerra de Siria han dado un buen vuelco. Tras la reunión del martes entre Putin y Erdogan, Turquía y Rusia han anunciado que patrullarán conjuntamente una zona de seguridad en el norte de Siria. Unos días antes, las milicias kurdo-sirias, abandonadas por Estados Unidos, se habían abrazado a Al Asad y a Rusia en busca de protección frente a la ofensiva turca.

Los kurdos se sienten como aliados 'kleenex', de usar y tirar. Su caso es muy revelador de una tendencia cada vez más acentuada en Oriente Próximo: las alianzas raramente se formalizan y, salvo excepciones, no duran demasiado. Suelen limitarse a un tema concreto y para hacer frente a una amenaza determinada. Cuando esta desaparece, o hay otra todavía más importante, las alianzas se deshacen con la misma rapidez con la que se tejieron. Y para complicar la cosa, los actores que se enfrentan en un determinado conflicto pueden estar colaborando en otros ámbitos. Parafraseando al filósofo Zygmunt Bauman, lo que tenemos son alianzas líquidas, permanentemente cuestionadas, inestables y movidas por el miedo.

Rivalidades y alianzas

La guerra en Siria, convertida en epicentro de las rivalidades y alianzas de Oriente Próximo, va camino de convertirse en un caso de libro. Sobre todo lo que está pasando ahora en el norte de Siria. Desde el 2014 Estados Unidos se había aliado con las milicias kurdo-sirias para frenar, primero, y erradicar, después, al autoproclamado Estado Islámico. Esta alianza había provocado tensiones entre Estados Unidos y Turquía, ya que Ankara considera a estos grupos como una franquicia turca del PKK, una organización que no solo ellos, sino también Washington y Bruselas, incluyen en la lista de grupos terroristas. Para acabar de complicar un poco más la situación, los kurdos intentaron combinar su alianza con Estados Unidos con una mayor colaboración con Moscú. Un juego de equilibrios que les funcionó durante un par de años.

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Turquía se sentía traicionada por los aliados occidentales y fue acercándose a Moscú, especialmente después del intento de golpe de Estado del 2016. Fue entonces cuando Erdogan recalculó los objetivos en Siria: ya no buscaban un cambio de régimen en Damasco sino una zona de influencia en el norte y asegurarse el control de la frontera. Y ahí es cuando las milicias kurdo-sirias vivieron en propia carne la traición y los costes de esas alianzas líquidas. Los rusos, con quienes habían estado colaborando en el cantón de Afrin, se retiraron y dejaron vía libre a la intervención turca, la mal llamada operación 'Rama de olivo' lanzada en enero del 2018. En el 2019, se ha repetido la misma historia pero cambiando Rusia por Estados Unidos y con mayores costes.

Posición de fuerza

En Siria, como en otros conflictos complejos, el movimiento de una pieza hace que las demás reevalúen estrategias, bien sea en clave de amenaza o de oportunidad. Y esto es exactamente lo que está sucediendo ahora. Las milicias kurdo-sirias tenían que escoger entre plantar cara a Turquía en solitario -con escasas posibilidades de éxito- o pedir ayuda a al Asad y, por extensión, a Rusia e Irán. Para el régimen de Damasco es una oportunidad magnífica. No solo incorpora una franja importante de territorio sin verter una gota de sangre sino que, además, se sitúa en posición de fuerza para negociar con Turquía en un futuro. Y, a corto plazo, utilizará la intervención turca para recabar apoyos para normalizar el régimen en el mundo árabe. El mensaje de solidaridad árabe resonará especialmente bien en las orejas de aquellos países árabes enfrentados con Turquía: Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. Una jugada redonda.

Rusia, cuyo papel es crucial para evitar que Turquía y Asad entren en conflicto directo, se siente reforzada. En un contexto en que lo que predomina son los aliados de usar y tirar, Moscú puede presumir de que su alianza con Damasco es bien sólida. El Kremlin dirá que Rusia, a diferencia de Estados Unidos, no abandona a sus aliados. Eso sí, siempre que estos sean leales y no intenten nadar entre dos aguas. Con Trump, sus decisiones erráticas y sus tuits como contraejemplo, su oferta aún es más atractiva. También para Turquía, como acabamos de ver.

Cuando proliferan las alianzas líquidas –las que valen para hoy pero no para mañana– aumenta el valor de las sólidas. A partir de ahora, si alguien tiene dudas podrá preguntarles a los kurdos de Siria qué implica ser aliados de usar y tirar. O, si lo prefieren, podrán mirar a Damasco y ver lo satisfechos que están de haber caído del lado de Moscú.