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OPINIÓN

Suárez, Griezmann y De Jong celebran uno de los goles del Barça en Eibar.

ander gillenea (afp)

De la liga de dos a la liga de uno

Sònia Gelmà

El Barça no pudo empezar peor y, aun así, ha tenido suficiente con una racha de cuatro victorias para situarse líder, así que la sensación es que volveremos a tener un campeonato monocolor

Hubo un tiempo, cuando las ligas rondaban los cien puntos, cuando el Barça y el Madrid goleaban a menudo y el Atlético no era capaz de tutearles, que más o menos a estas alturas de temporada, se ponía de moda criticar la liga por su falta de competitividad. Se la bautizaba despectivamente como una liga a la escocesa, una liga de dos. Un campeonato que solía ganar el Barça pero en un pulso que el Madrid aguantaba bien.

La posibilidad de que los grandes tropiecen ha ido creciendo, algunos pensarán que por el crecimiento de los equipos de la clase media, otros —aquí me incluyo— creerán que es por el menor nivel tanto del Barça como del Madrid. Además, el Atlético se ha añadido como candidato. Su empuje no le ha dado para que el título azulgrana peligrara, pero ha quedado segundo en las dos últimas ligas con los blancos dimitidos desde Navidad.

Así que la clasificación habla de una liga más competida, pero no se engañen. La liga ya no es de dos, porque ahora solo es de uno. O eso parece. Porque viendo que el Barça no pudo empezar peor y, aun así, ha tenido suficiente con una racha de cuatro victorias para situarse líder, la sensación es que el Madrid es un gran aliado y que si Messi y compañía no se empeñan insistentemente en darle emoción, volveremos a tener una liga monocolor. O bicolor, si prefieren: el azul y el grana.

Se impone la prudencia

Zidane puede dar gracias a Tebas de no tener que pasar el sábado por el Camp Nou, porque —con el atenuante de las bajas— este Madrid tiene muy mala pinta. A este paso, el Madrid se descolgará otra vez antes de fin de año, mal negocio para ese segundo clásico que se juega pasado el carnaval. A ver si al final Tebas también va a tener que intervenir en esto. A él, que tanto le preocupa su clásico, le van a fastidiar doblemente su producto estrella.

Aunque no quisiéramos añadir más preocupaciones al presidente de la Liga, que suficiente tiene con Rubiales. Al fin y al cabo, gracias a su desasosiego por la situación catalana, puede encontrarse con un partido decisivo en diciembre, a diferencia de lo que hubiera pasado ahora, sin consecuencias graves en la clasificación.

El Barça sigue sin ser redondo, y aunque en Eibar completó el mejor partido fuera de casa, se impone la prudencia. La experiencia de los últimos años resulta útil para frenar cualquier sueño grandilocuente. De hecho, el problema azulgrana nunca fue la liga. Las desilusiones son europeas y llegan allá por el mes de abril. Para entonces esperemos que los primeros indicios de tridente sean ya una realidad. Porque, aunque sea una perogrullada, el Eibar no es el Liverpool.