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Pequeño observatorio

Un grupo de turistas en la Sagrada Familia de Barcelona.

FERRAN NADEU

Hay que andarse con ojo

Josep Maria Espinàs

Los ladrones aprovechan que la víctima está distraída. Y en Barcelona hay tantos motivos para embelesarse...

Maria Vilaplana, que vive en Molins de Rei, explica que, paseando por Barcelona, le tiraron el bolso que llevaba. Cuando lo denunció, un policía le dijo: "¿A quién se le ocurre no llevar el bolso cruzado en Barcelona?". Primero me invadió un sentimiento de culpa. ¿No había estado lo bastante atenta a quien tenía a su lado? No todo el mundo es un ladrón, evidentemente, cuando se acerca. 

Pero hay otra clase de robos. Se producen en ámbitos de todo tipo. También en los culturales y científicos están las copias, que no se puede decir que sean copias descaradas. Hay quien tiene la capacidad de ejercer imitaciones que están muy cerca de la copia, pero lo que importa es que la imitación sea considerada legal.

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Lo que tiene gracia es que en Barcelona exista, si no me equivoco, la calle de Robadors. ¿Acaso se refiere a aquellas personas que están especializadas en el arte de robar?

Los ladrones habituales no suelen dar tirones. Su oficio debe ser un movimiento sutil y a veces aprovechando que la víctima está distraída. En la Rambla y en Barcelona hay tantos motivos para embelesarse... y vivir un momento de admiración expansiva. Pero hay otras maneras de distraerse sin perder las pertenencias. ¿Cómo se puede saber que esa persona es un ladrón o hace el papel del despistado? 

En cuanto a los bolsos, un día supe que había una entidad llamada Bolsa, pero me he de excusar: de eso no sé nada. Solo me parece que es algo que sube y baja, y que hay que saber atrapar.

Vuelvo a Maria Vilaplana, a la que robaron en la calle cuando llevaba un bolso colgado. Este hecho lamentable me hace pensar que a lo largo de la vida hemos de procurar no dejar nada colgado.