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Dos miradas

Torra, en la marcha de la AP-7, en Girona. 

DAVID BORRAT/EFE

Protesta o 'momentum'

Josep Maria Fonalleras

No olvidemos que estamos hablando de unas condenas severísimas en un entorno hostil que ha valorado como delito extremo el ejercicio de una determinada idea política. Este es el punto de partida. La sentencia destila al menos animadversión y está lejos, muy lejos, de una valoración adecuada de los hechos que sucedieron hace dos años. Y es una losa pesada, inconmovible, que tiene la patente de corso de la legalidad de un Estado que, en el propio ejercicio y desarrollo de la norma, dinamita cualquier vía de entendimiento e incluso consigue que se tambaleen sus principios fundacionales.

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La protesta, pues, es legítima. Es justa y necesaria, sobre todo desde la perspectiva de una ética colectiva que reclama respeto y de la moral individual de quien se siente violentado. La cuestión fundamental es si responde a una pulsión irrefrenable o al cálculo de la llegada de ese 'momentum' tan deseado por algunos (como está demostrando Torra). En física, es la fuerza generada por un objeto en movimiento. En política, el hipotético 'momentum' es, ahora y aquí, un error fatal: pensar que el objeto se mueve (o juegan a moverlo) con una fuerza capaz de cambiar el estado de las cosas.