04 jun 2020

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Sustitución demográfica

Mercadear con los refugiados

AP / Baderkhan Ahmad

Mercadear con los refugiados

Sonia Andolz

La Unión Europea ha de decidir cómo reacciona a la violación del derecho internacional que supone la devolución de refugiados sirios a la zona kurda

La decisión estadounidense de retirar las tropas del norte de Siria ha desencadenado una respuesta en cadena. Tras meses, años, de difíciles equilibrios en la región, de intereses extranjeros complicando mucho más una posible solución pacífica y sostenible para Siria, las piezas vuelven a moverse ante la mirada incapaz de la población local.

Trump anuncia que retira a sus soldados, Turquía aprovecha para argumentar que eso animará a los kurdos a apropiarse de la frontera (hasta ahora bajo cierta tutela de fuerzas norteamericanas) y anuncia una ofensiva militar para evitarlo. Inmediatamente, las fuerzas turcas bombardean el Kurdistán sirio obligando a la población civil a huir de nuevo y amenazando con repatriar forzosamente a miles de refugiados sirios actualmente en suelo turco. ¿Qué pretende Tayip Erdogan? ¿Cuáles son las condiciones para repatriar a refugiados a su país de origen?

En primer lugar, Turquía siempre ha vivido con desdén y desconfianza la existencia del pueblo kurdo. De los más de treinta millones de kurdos que viven en lo que se identifica como Kurdistán (repartido entre Irak, Siria, Irán y Turquía), el 45% lo hace en suelo turco. Ahí, la población kurda está políticamente organizada y representada teniendo incluso una facción armada, las HPG, que Ankara siempre ha tildado de terrorista.

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Desde que empezó el conflicto civil en Siria, los kurdos del norte han tenido un papel muy relevante. Luchando contra Estado Islámico de forma más que admirable, perdiendo innumerables víctimas y sufriendo todo tipo de vulneraciones y violaciones de derechos, han conseguido liberar su zona de los verdugos de ISIS y mantenerla a salvo para civiles. Al otro lado de la frontera, la población kurda en Turquía ha acogido los mayores campos de refugiados en suelo turco.

Con el conflicto en Siria más estabilizado y la retirada de los norteamericanos, Erdogan ve ahora el escenario perfecto para expulsar a refugiados sirios que no sean étnicamente kurdos hacia esa zona liberada del norte de Siria y poder así reducir el número de refugiados que acoge y desequilibrar demográficamente el norte de Siria, llenándolo de sirios no kurdos, y haciéndolo menos hostil (a ojos de Ankara) hacia Turquía.

Para ello, pretende llevar a personas hasta la frontera y obligarlos a cruzar. Ello es una violación clara y directa de un principio consuetudinario del derecho internacional: el 'non-refoulement', o principio de no devolución, prohíbe explícitamente devolver a personas de forma obligada a zonas en conflicto. Es de suponer que Erdogan argumentará -si acaso cree necesario hacerlo- que Siria es ya un lugar seguro y que la guerra ha acabado.

La estrategia no es ni suya ni nueva. En Siria, en concreto, Al Assad está utilizando mecanismos variados para redibujar el mapa demográfico del país y asegurar que ninguna zona queda bajo alguna mayoría que no le sea afín, como bien han explicado Gabriel Garroum o Txell Feixas.

Ahora bien, ¿qué hará la UE ante estas repatriaciones forzadas? No hay mucho lugar para la esperanza. El acuerdo UE-Turquía ya vulneraba principios de derecho internacional y reinventaba las condiciones para poder solicitar asilo poniendo valor y número a cada refugiado. Mercadear con personas que huyen de guerras, catástrofes naturales, persecuciones o situaciones infrahumanas no tiene nombre. Pagar a alguien para que te haga el trabajo, menos. Así, solo cabe esperar que a esta Europa de los Estados le quede algo de dignidad y sea firme ante la no devolución de personas hacia Siria. No solo desde Turquía, sino desde cualquier estado miembro.

*Profesora asociada de la Universitat de Barcelona.