05 jun 2020

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EN CLAVE EUROPEA

Tropas turcas se dirigen hacia la ciudad siria de Tal Abyad.  

AP

La UE y la OTAN, rehenes de Turquía

Eliseo Oliveras

La Alianza Atlántica ni siquiera se atreve a criticar la invasión de la zona kurda de Siria por Ankara

El vacío dejado por Europa y EEUU abre la vía para una nueva victoria diplomática internacional rusa

La Unión Europea (UE) y la OTAN son rehenes de Turquía. Por ello, el autoritario presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, considera que tiene las manos libres, sin riesgo de represalias, para invadir la zona kurda de Siria y realizar un proceso de limpieza étnica en la franja fronteriza para establecer allí a tres millones de refugiados sirios árabes residentes en Turquía.

La incapacidad de la UE para gestionar de forma común los flujos migratorios en sus fronteras exteriores llevó a los líderes europeos a subcontratar en el 2016 la contención de la inmigración en el flanco oriental europeo a Turquía a cambio de una ayuda inicial de 3.000 millones de euros. Esto ha colocado a la UE en una posición de dependencia respecto a Ankara.

Erdogan explota continuamente esta debilidad con fines políticos. Esta semana ha vuelto a amenazar con enviar a más de tres millones de inmigrantes y refugiados a la UE si sigue criticando su invasión militar de Siria. En los últimos meses, Ankara ya ha relajado el control migratorio como advertencia, lo que ha elevado a más de 39.000 el número de inmigrantes llegados a Grecia en los primeros nueve meses de este año, el doble que en el mismo periodo del 2018, según la Organización Mundial para las Migraciones.

Pieza fundamental de la OTAN

Turquía representa una pieza fundamental del esquema militar de la OTAN desde la Guerra Fría. El temor a que el acercamiento de Erdogan a Moscú de los últimos años se transforme en un mayor distanciamiento de Occidente ha conducido a la Alianza Atlántica y a sus últimos secretarios generales a una política de tolerancia hacia Ankara, pese a un comportamiento incompatible con los principios democráticos que la organización asegura defender y representar.

La UE, por lo menos, ha pedido formalmente el cese de la invasión turca del norte de Siria, aunque esta diplomacia declarativa sin medidas de retorsión es ineficaz y sólo sirve para tranquilizar la conciencia. La OTAN, sin embargo, ha avalado implícitamente la invasión turca al limitarse su secretario general, Jens Stoltenberg, a pedir a Ankara que actuara con “restricción” y de forma “comedida” y “proporcionada”. La OTAN también ha guardado silencio sobre el creciente autoritarismo del régimen de Erdogan y sobre la brutal represión y encarcelamiento de los diputados de la oposición, periodistas, profesores, funcionarios y ciudadanos críticos. La OTAN incluso ha aceptado la compra por parte de Turquía del sistema antimisiles ruso S400, incompatible con la red defensiva de la Alianza Atlántica y que permitirá la distorsionadora presencia de técnicos y especialistas militares rusos en las bases militares de un país aliado.

La UE y la OTAN también toleraron la activa cooperación del régimen de Erdogan con los yihadistas y los milicias extremistas en Siria, incluido Estado Islámico (ISIS), como recuerdan ahora el exministro francés Bernard Kouchner y el filósofo Bernard-Henry Lévy. La revelación en su día de esas prácticas les ha costado a los periodistas y directores del diario turco Cumhuriyet largas penas de cárcel y el exilio y a la periodista norteamericana Serena Shim le costó la vida en el 2014 en un sospechoso accidente tras anunciar que la perseguía el servicio de inteligencia turco.

Los planes de Estado Islámico

Ahora que Turquía ataca a las milicias kurdas claves para la derrota de ISIS, conviene no olvidar que Erdogan rechazó en el 2014 durante más de un año que Estados Unidos utilizara el espacio aéreo turco para combatir a ISIS y que sólo se sumó a regañadientes a la coalición norteamericana en verano del 2015 para bombardear básicamente a los kurdos. Como detalló The Wall Street JournalErdogan también se negó en el 2014 a que EEUU utilizara Turquía como base para la operación de salvamento de rehenes en manos de los yihadistas, entre los que se encontraban los periodistas James Foley y Steven Sotloff, posteriormente ejecutados. Asimismo, durante el asedio de Kobane (2014-2015), Erdogan hizo todo lo posible para facilitar que ISIS tomara la ciudad siria y para obstaculizar al máximo la defensa y la victoria final kurda. La invasión turca coincide además con los planes de ISIS de iniciar operaciones coordinadas para liberar a sus combatientes presos en Siria, según un informe del 4 de octubre del Institute for the Study of War.

La nueva pasividad de la OTAN frente a Turquía abre la vía para otra victoria diplomática internacional de Rusia, que ya se presenta como mediadora ante el vacío dejado por EEUU y la UE. Moscú ya obtuvo en septiembre, bajo la égida de la ONU, un acuerdo para formar un comité constitucional sirio para poner fin a la guerra civil. Unas milicias kurdas debilitadas pueden ser más proclives al compromiso con Damasco que busca Rusia.