10 jul 2020

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MIRADOR

Los líderes de Ciudadanos, Inés Arrimadas (3i) y Albert Rivera (4i) y la diputada de JxCat en el Congreso Laura Borrás (5i) asisten como invitados al debate de la moción de censura de Cs contra el presidente de la Generalitat, Quim Torra.

RICARD CUGAT

Dos no se pelean si uno no quiere

Olga Ruiz

Ciudadanos pretende situar al PSC en el lado incómodo y oscuro de su Catalunya apocalíptica

Mala época para hacer análisis político. Desde hace ya un tiempo no nos queda otra que adentrarnos en el pantanoso terreno de la política ficción, ponderar escenarios posibles e improbables sin tener elementos suficientes para hacerlo. Los políticos siguen apostando por no confirmar tesis alguna, se limitan a abrirnos un abanico de acciones, decisiones y desobediencias etéreas. Ni confirman ni desmienten, juegan con nosotros. Los periodistas nos hemos convertido en sus particulares globos sonda, registramos para ellos de forma involuntaria los efectos -emociones o rechazo- que despierta la teoría a la que damos pábulo.

Siempre han existido periodistas que abandonaron el oficio para centrarse en el activismo político, periodistas de 'argumentario' más que de argumentos. Un colectivo identificable y previsible en los medios. No es a ellos a los que me refiero, sino a todos aquellos periodistas que hacen equilibrios para ofrecer rigor entre tanta trampa política. En la política catalana nada es lo que parece.

El pleno de moción de censura de Ciudadanos contra el 'president Torra ha sido tan descafeinado que no han faltado bostezos, por mucho que la líder de la formación naranja en Catalunya haya intentado marcar el tono en su primera intervención. Lorena Roldán ha hablado también de terroristas, de explosivos, de miedo y de comandos, pero no ha conseguido prender la mecha en toda la jornada. Los otros grupos parlamentarios parecen haberse puesto de acuerdo para no caer en la política bronca y de paso dotar del perfil más bajo posible a esta moción. Lo han conseguido.

Un pleno para debatir una moción de censura contra un presidente es, 'per se', un acontecimiento de suma importancia política. De su éxito o fracaso depende que haya un nuevo equipo de gobierno y con él, una nueva forma de entender las políticas económicas o sociales de nuestra comunidad. No es un tema baladí y, sin embargo, esta moción no ha sido ni trascendente ni seria, ni coherente ni oportuna. Ciudadanos ha concebido la moción como gran acto de campaña, pero han faltado elementos imprescindibles: un público que aplauda debidamente, un escenario moderno y bien iluminado o un 'speaker'. También ha faltado música, mucha música para amenizar los momentos de tedio.

Aun así, no ha sido una moción inofensiva, sino un dardo envenenado para el PSC. Es ahí dónde radica el interés, el sentido que no explican. Con unas elecciones generales precipitadas, una sentencia por el juicio del 'procés' que conllevará movilizaciones (presentadas como una piñata repleta de sorpresas) y unas encuestas cada vez más desfavorables, Ciudadanos quiere que el PSC entre en colisión con un PSOE que ha endurecido su discurso con el independentismo, precisamente, para restarle votos a la formación de Albert Rivera. Ciudadanos pretende situar a los socialistas en el lado incómodo y hasta oscuro de la Catalunya apocalíptica y atemorizada en la que al parecer vivimos.

Mi madre solía repetirme que "dos no se pelean si uno no quiere" y parece haber llegado el día en el que nadie ha querido pelearse con Ciudadanos.