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Urbanismo e infancia

No todos los parques urbanos crean bienestar relacional en los niños

MARÍA TITOS

No todos los parques urbanos crean bienestar relacional en los niños

Carmen Pérez del Pulgar, Isabelle Anguelovski y James Connolly

Las transformaciones alrededor y a través del Parc del Centre de Poblenou provocaron un cambio radical en el barrio que resultó en gentrificación y la destrucción de estructuras sociales

En Europa y Norteamérica están proliferando nuevos espacios infantiles para promover ciudades más aptas para niños, facilitar su autonomía, el juego libre y un mayor contacto con la naturaleza. En Barcelona, la estrategia 'Barcelona Dona Molt de Joc' en el 2018 amplifica las oportunidades de juego en espacios públicos. 

Nuestro reciente estudio desde el Barcelona Lab for Environmental Justice and Sustainability muestra, sin embargo, que no todos los parques infantiles ofrecen estos beneficios. ¿Qué hace que un espacio urbano infantil contribuya al bienestar de los niños?

En Barcelona, los niños que juegan en el Parc Central de Nou Barris conocen sus zonas de columpios, de tierra y sus escondites. Nos cuentan cuáles son sus lugares preferidos, dónde está su 'casa'. Controlan las normas de lo que se puede y no se puede hacer, saben lo que les da miedo, de lo que son capaces y lo que no, más allá de lo que digan los carteles o sus padres. Negocian entre ellos a quién le toca el próximo turno en la tirolina o la mejor forma de recuperar una pelota que se ha quedado colgada en la copa del árbol. Vemos, en suma, un repertorio de interacciones con el entorno social y material que corresponde al tan buscado juego libre de los niños. Además, el parque es un lugar habitado con asiduidad para la recreación, socialización y/o cuidado informal y existe una corresponsabilidad hacia el cuidado de los niños que se diluye entre los usuarios. Se está produciendo bienestar relacional: relaciones sociales, conexiones e interacciones que producen bienestar.

El parque como eje central de relaciones  

Este parque se creó en 1992, en el marco de un compromiso municipal con espacios públicos de calidad, instalaciones comunitarias y viviendas asequibles en barrios históricamente marginados. Para su creación fue necesaria una modificación del Plan General Metropolitano de 1976 con un Plan Especial que sustituyó el área urbanizable de la zona por zona verde -a excepción de una pequeña franja destinada a vivienda pública y equipamientos municipales- y la adquisición de los terrenos por expropiación. Esta reparación en espacios verdes se articuló en torno a las demandas y participación vecinales y supuso un hito en la interrupción de la especulación inmobiliaria. El fuerte impacto en la realidad y el imaginario de la comunidad que tuvo este parque es clave a la hora de entender cómo este espacio es, a día de hoy, un eje central de las relaciones entre los vecinos que facilita el juego libre, aunque su diseño ofrezca menos elementos naturales y un equipamiento de juego vallado y poco estimulante.

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En contraste, en el Parc del Centre del Poblenou el uso que los niños hacen de los equipamientos se reduce a sus funcionalidades más obvias y las escasas interacciones sociales están mediadas por los adultos que les acompañan. El riesgo y los límites del juego de los niños también están guiados por adultos: “No te subas ahí que te vas a hacer daño”, “pídele perdón”, “pregúntale si puedes usar su pelota”. Esta falta de autonomía y exploración por parte de los niños choca con lo que podríamos esperar de un espacio de juego que en principio da más acceso a elementos naturales y equipamientos de juego creativos. En contraste con Nou Barris, el cuidado de los niños se reduce al vínculo paterno/materno-filial y los padres apenas interactúan con otros adultos. La duración de las visitas al parque es corta, y la regularidad, baja.

Cambio radical

La creación del Parc del Centre de Poblenou en el 2008, planteado como elemento central de la oferta lúdica del 22@ en Barcelona, replicó la falta de consideración por el patrimonio social y material del Poblenou y de atención a la creación de vivienda asequible para dar mayor apoyo a infraestructura empresarial. Además de alinear el parque al trazado urbano del Eixample se optó por un parque aislado cercado y con unas pocas entradas. Estas transformaciones -alrededor y a través del parque- provocaron un cambio material, cultural, funcional y sociodemográfico del barrio radical, que resultó en gentrificación y la destrucción de estructuras sociales que posibilitan la creación de una red social de pertenencia.

La diferencia que encontramos en los procesos de producción de ambos parques está íntimamente relacionada con los diversos niveles de bienestar relacional observados. Aquí es fundamental la presencia de una invisible pero importante estructura de lo cotidiano capaz de articular relaciones de apego, cuidado, reproducción y socialización.

Mientras que la creación del Parc Central de Nou Barris consiguió articular estas relaciones, el caso del Parc del Centre de Poblenou las desarticula. Es por ello importante resaltar la estructura social en la producción de bienestar -más allá de la existencia de determinada infraestructura verde o lúdica- y la trascendencia de los procesos de planificación de estos parques en su articulación o desarticulación. 

*Investigadora, directora y codirector del Barcelona Lab for Urban Environmental Justice and Sustainability respectivamente. Miembros de la red de científicas comunicadoras.