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Nueva andadura en el Ayuntamiento de BCN

Gobernar en plena tormenta

LEONARD BEARD

Gobernar en plena tormenta

Eva Arderius

No será fácil que la gobernabilidad de la ciudad salga indemne con la sentencia y las elecciones

Se ha terminado la Mercè, se ha terminado la fiesta y empieza de verdad el mandato en el Ayuntamiento de Barcelona. Después de la tormenta provocada por una complicada investidura, tocaría un poco de calma. Ahora, en este lado de la plaza de Sant Jaume el ecosistema parece diferente, aquí sí que se intuye un terreno más fértil para que puedan fructificar los acuerdos. La ciudadanía lo exige, al gobierno y a la oposición. A los barceloneses se les acaba la paciencia, y hay la sensación compartida de que hay que hacer un esfuerzo para que la ciudad funcione y no empeore.

El ayuntamiento barcelonés es la única institución con cierta solidez donde no hay posibilidad de avanzar elecciones; está condenada a gobernar y los partidos, a entenderse. Y ya ha empezado a pasar. El primer movimiento lo ha hecho Esquerra. Su líder, Ernest Maragall, ya ha mostrado su predisposición de negociar el presupuesto y llegar a un acuerdo. Maragall, que es quien podría tener más recelos y reproches hacia los 'comuns', hace un elegante ejercicio de responsabilidad. Veremos cómo acaba la negociación en el Ayuntamiento y en la Generalitat, pero la mano tendida ya es todo un gesto que ni 'comuns' ni socialistas deberían desaprovechar. Estos tímidos e iniciales acuerdos pretenden mejorar la seguridad mermada, acabar infraestructuras pendientes y afrontar una crisis que rematará a los ciudadanos que todavía no han salido de la anterior. Los republicanos, pero también el resto de los grupos municipales, tendrán que decidir si aprueban o no las primeras cuentas de Ada Colau Jaume Collboni. La decisión marcará el mandato y retratará a todos. Se verá quiénes optan por una oposición dura y quiénes prefieren tener un papel en la gobernabilidad, aunque sea desde fuera.

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Pero las condiciones para negociar no son las mejores. El otoño no era plácido y ahora, con la repetición de las elecciones generales, todavía lo es menos. El diálogo presupuestario coincidirá con el inicio de la campaña. Será difícil incluso para los que gobiernan. Barcelona en Comú y el PSC tendrán que hacer como si no oyeran los reproches  que se lanzarán Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en los mítines. Pero la verdadera prueba de estrés no serán las elecciones. El verdadero bache llegará antes de noviembre, será la sentencia del 1 de octubre, que afecta directamente al concejal más veterano del Ayuntamiento y presidente del grupo de Junts per Catalunya, Quim Forn.

La reacción del PSOE (con una hipotética aplicación del 155) pondrá a prueba el gobierno bipartito y también el apoyo de ERC. ¿Qué harán los republicanos? ¿Podrán apoyar el presupuesto 'comú-socialista' si ante una sentencia condenatoria, el gobierno en funciones de Pedro Sánchez tiene una respuesta muy dura contra los que la rechazan? ¿Colau podrá mantener su alianza con el PSC por muy blindada que haya nacido? ¿Y los socialistas podrán ignorar los gestos de los 'comuns' con los presos? ¿Y podrán aislar lo que pase aquí sin poner las cosas más difíciles a su líder en Madrid? Las presiones serán duras y vendrán por todos los lados, veremos si la gobernabilidad de la ciudad sale indemne. Habrá que pensar más que nunca en Barcelona. No será fácil.