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IDEAS

Russell Crowe encarna a Roger Airles, ejecutivo de la Fox, en la serie de Movistar+ ’La voz más alta’.

Nadal, Manson y Fox News

Miqui Otero

Hace unos días quedé enganchado al televisor viendo como una grada de ricos, en un entorno exclusivo, sufría como nunca para que un tipo, con más dinero que la mayoría de ellos, ganara un cheque. Es una forma de simplificar la emoción brutal y épica de la gran final del US Open disputada por Nadal, que juega al tenis con un reloj de 800.000 euros en su muñeca (a mí me daría miedo emplearme a fondo al pimpón con mi Casio por si se rompe).

En la entrega del trofeo, la organización le tendió un premio: un cheque de 3,5 millones de dólares. El campeón, que no sabía muy bien dónde poner el papelucho, se lo metió en el bolsillo de su pantalón de deporte. Sudado (había jugado cinco horas con él). El gesto me dejó perplejo: yo, cuando cobraba en cheque los 300 euros de mi beca en un periódico, lo enmarcaba con paspartú o procedía a gastarlo corriendo por si me lo reclamaban de vuelta. De algún modo, de la acción de Nadal emanaba la idea de que el dinero era lo de menos. Pero lo crucial no es eso, sino que yo aguantara despierto hasta las cuatro de la madrugada para verlo.

Los pijos no lo son casi nunca gracias a su inteligencia o a su gracia

El hecho me recordó a por qué nos enganchamos a la nueva moda de las series televisivas sobre millonarios, de 'Succession' a 'La voz más alta' o 'Billions'. Quizás ayude que sus guiones deparen tan buenos gestos técnicos como Nadal, pero la razón, me temo, es otra, porque sus personajes también lo son (especialmente el infame Roger Ailes, inventor de Fox News, tirano sexual, mentor de Trump). Para empezar, no levantan su imperio mediante un don limpio y trabajado, como el tenista, y si lo tienen lo ponen al servicio de hundir al resto.

Cuando uno crece descubre que los adultos no son tan serios como parecían, sino como mucho igual de aburridos. Y, también, que los pijos no lo son casi nunca gracias a su inteligencia o a su gracia, cosa que nos gusta comprobar en algunos personajes de estas series. Pero diría que si las sigo no es por una pulsión aspiracional, sino más bien por la misma razón por la que los policías de 'Mindhunter' hablan con asesinos en serie como Charles Manson: para descubrir los mecanismos mentales que los llevan a ser como son y a hacer lo que hacen.