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ANÁLISIS

Las estrellas del Barça dominan, a placer, la vida de la entidad azulgrana.

AFP / JOSEP LAGO

¿Cuándo vuelvan, también volverán gratis?

Emilio Pérez de Rozas

Suena mi móvil. Es uno de los muchos directivos del Barça que han abandonado la junta a lo largo de los últimos años. Está indignado. La verdad es que debe ser la segunda vez que me llama en la vida. Es más, no tenía su teléfono registrado y descuelgo sin saber quién es. (Conozco a gente que no descuelga el móvil si no le sale en la pantallita el nombre de quien le llama, me parece increíble; yo siempre descuelgo, puede ser Florentino Pérez con una oferta, nunca se sabe. O Gerard Piqué, ahora que ya es más empresario que futbolista).

El exdirectivo, que se fue tranquilo y sin bronca (nos enteramos  semanas después), me dice que está perplejo ante la confirmación hecha por Josep María Bartomeu en el sentido de que Leo Messi se puede ir del Barça cuando quiera y gratis. “Yo no tenía ni idea de eso, de ese contrato, de esa cláusula y tuve que avalar 7,5 millones de euros. No está mal, yo avalo y tengo un trabajador que vale millones, que ha cobrado cientos de millones y que se puede ir mañana, cuando le de la gana, sin dejar un euro en caja… Y yo, sin enterarme. Bonito ¿no?”

Todos con cláusula gratis

Le digo que lo del aval es cosa suya. No le digo que es pura vanidad, querer figurar, ser directivo, sacar algo a cambio, no se lo digo, no. Ni lo creo necesario, ¿verdad? Sobre lo del contrato, le cuento que yo también tengo los ojos cuadrados. Y sobre la cláusula de que se vaya de rositas, le doy mi opinión pero, lo siento, no puedo escribirla. Coincidimos que ni Messi, ni Iniesta, ni Xavi, ni Puyol…ni historias. Porque la pregunta que compartimos es: ¿qué he de hacer yo, en la empresa en la que trabajo, por la que me desvivo, donde me he dejado media vida y a la que le he proporcionado grandes beneficios me considere, como a Messi, que me he ganado el derecho a decidir sobre mi futuro?

Messi le cuesta al Barça 150 millones de euros por temporada y, de pronto, el mundo (y muchos directivos) descubre que para firmar el último contrato a alguien (me importa un bledo de qué lado de la mesa estaba el que lo sugirió) se le ocurre incluir esa clausula de escape gratis, que, dice ahora el presidente, ya tenían ‘dioses’ como Xavi, Puyol Iniesta, que, fijo, cuando regresen al Barça no volverán gratis, no.

Los dueños del cotarro

Yo, con perdón, vuelvo a lo mío, a mi pedrada, que es la facilidad con la que las estrellas se adueñan, con sus multinacionales detrás, del escenario, del club, de la gestión, del vestuario (es bastante mosqueante que Ansu Fati -gran fenómeno, no lo dudo- estalle justo cuando pasa a ser apadrinado por Rodrigo Messi, vaya), de los presupuestos, de la agenda….

Han ocurrido (y hemos sabido) demasiadas cosas que confirman que Messi ama, adora, al Barça y a Barcelona (es dueño de toda una montaña de Castelldefels) pero, por si acaso, que me pongan esa clausulita de escape. Suárez se lesiona el primer día y, al día siguiente, se va de vacaciones a Marruecos. Dembélé se lesiona y dice que no tiene nada y pasa de los médicos del Barça. Piqué cuenta que la Davis le necesitó en Orlando y pactó con Valverde una escapada prometiendo (como así fue) que ganarían el partido de la vuelta. “Déjelo de mi cuenta, ‘mister’”. Es decir, ganan cuando se lo proponen. Ellos.

Ya lo afirmó Piqué, también en NY, cuando dijo que no sería entrenador. "¡Uf!, no me veo tratando con jugadores jóvenes con todos sus egos".

Temas: Messi