Ir a contenido
Boris Johnson.

AP

El caos de Boris Johnson

Carlos Carnicero Urabayen

Circula cruelmente por las redes sociales el más famoso tuit de David Cameron, escrito en 2015, poco antes de su victoria electoral y de su convocatoria del referéndum del 'brexit'. "El Reino Unido se enfrenta a una elección simple e inescapable, estabilidad y gobierno fuerte conmigo o caos con Ed Miliband".

Lo que ha sucedido después de este desastroso pronóstico ya lo conocemos: la paralización de un país que vive atrapado en un eterno día de la marmota, ni dentro ni fuera de Europa, con la mitad de la población impotente porque no llega el sueño prometido, y la otra alarmada y deprimida ante la percepción de secuestro colectivo por las guerras internas del Partido Conservador.  

Cameron se apartó tan pronto como la luz del día siguiente al referéndum arrojó un resultado que nunca, ingenuo, imaginó. Nos dejó su ridículo tuit y a Theresa May, que tomó el mando para poner en marcha una interpretación radical del 'brexit', como si tuviera mayoría parlamentaria para hacerlo y como si la decisión mas vital para un país en generaciones pudiera ignorar al 48%.

Lejos de aprender las lecciones del fracaso de MayJohnson dobla la apuesta. Ignora el centro político. La periferia, Escocia e Irlanda del Norte, están cada vez más cerca de Bruselas que de Londres. Y se dispone a ejecutar el 'brexit' salvaje, por encima del Parlamento y la propia ley si fuera necesario.

Como en toda situación caótica, los principios más elementales saltan por los aires, víctimas del ruido y el aturdimiento. Con ecos de lo ocurrido en Catalunya en el 2017, Johnson estudia fórmulas para ignorar el mandato parlamentario que le obliga a pedir una prórroga para evitar la salida sin acuerdo el 31 de octubre.

En el país que tenía grabado a fuego en sus entrañas democráticas el respeto por el 'rule of law' (Estado de derecho), el nacionalismo inglés puede arrasarlo todo y nada menos que de la mano del Partido Conservador, otrora baluarte de la estabilidad y el pragmatismo.

El Parlamento y los jueces

El parlamento pasará unas semanas en coma inducido por el doctor Johnson, y su célebre 'speaker', John Bercow, será apartado del cargo. Mientras tanto, los jueces harán su trabajo, velarán por el cumplimiento de la ley, incluso aunque no le agrade al primer ministro. La tensión intrainstitucional irá en aumento y se trasladará a la calle. El populismo agita pasiones pero sobre todo prende fuegos.

Ante el caos de Johnson, los líderes europeos están desconcertados. En las próximas semanas deberán superar el enésimo test para su unidad. Macron abandera la mano dura. ¿Para qué aplazar el divorcio sin un plan claro de la otra parte? El 'brexi't es un dossier que consume un tiempo precioso que Europa no tiene y la presencia de los británicos en las instituciones podría desestabilizarlas. Pero aprieta el bolsillo: nadie quiere un golpe económico de consecuencias desconocidas, menos aun ante las orejas de la recesión.