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ANÁLISIS

Neymar, durante un entreno con el PSG, este agosto.

AFP

Y si todo ha sido un sueño (el 'caso Neymar')

Sònia Gelmà

El sainete ha sido de tal envergadura que el final ha sabido a poco. Hasta el último instante he sufrido por si estas líneas que ahora escribo tenían que ser sustituidas ante un delirante último cambio de guion. Finalmente, Neymar, su padre, los toiss y la cabra se han quedado en París.

Les podría decir que es una gran noticia, que nos permitirá respirar. Pero no quiero engañarles, este final de mercado simplemente nos emplaza a un nuevo culebrón, ya veremos si para este invierno o para el verano siguiente. Lo que el Barça ya ha depositado este verano en París es su dignidad, un valor menos al que renunciar en la próxima negociación.

Espectadora atónita

Como espectadora atónita del espectáculo, debo decirles que primera reacción fue la de la negación. Desde mi incredulidad, les aseguré que era imposible. Que el Barça no tenía dinero para afrontar a la vez los fichajes de Griezmann y Neymar.

Dije muy segura que era inviable, que tampoco podía ser por principios, e incluso puse sobre la mesa —como si hiciera falta— el argumento deportivo. ¿Cómo iban a jugar en un mismo equipo MessiSuárezGriezmann Neymar? Fíjense que ya ni incluía en la ecuación a Dembelé, ese jugador que era mejor que el brasileño, y no porque yo lo creyera sino porque se lo había oído decir al que tenía que tomar la decisión.

Adaptarse a las barbaridades

Pero los seres humanos tenemos una gran capacidad de adaptación a las barbaridades y les confesaré que en los últimos días de agosto ya discutía con normalidad la posibilidad de su llegada, aún sin saber muy bien como iba a solucionar Valverde ese sencillo problema matemático: cuatro jugadores indiscutibles y alérgicos al banquillo para tres posiciones. 

Con sus dos viajes a París, el Barça evidenció que se movía al capricho de un jugador que hace un par de años acusaba al presidente azulgrana de ser una broma

Pero lo que ha sido el entretenimiento del verano para algunos, ha dejado también algunas víctimas por el camino. La primera de todas, como decíamos, el amor propio de la entidad, que viajó camino de París ya en la primera visita de los dirigentes azulgranas. Los mismos que decían que el problema lo tenía el PSG. Con ese primer pie en París, toda la institución evidenciaba que se movía al capricho de un jugador que hace un par de años acusaba al presidente del Barça de ser una broma. Ese mismo jugador que se fue casi sin avisar, les puso una denuncia y que no la ha retirado aunque negociaran su vuelta. Luego está la posición en la que quedan Dembelé Todibó.

No es la primera vez que el Barça se interesa por un jugador del PSG, y nunca antes necesitó enviar una delegación a París para llevarse el mismo portazo que esta vez. Pero había que escenificarlo. La magnanimidad azulgrana solo puede tener una explicación, y señala una vez más quién manda en este club: el vestuario.

La incredulidad ante todo lo sucedido nos deja en el aire aquella última sensación si todo lo vivido no ha sido un sueño, sino hemos asistido como espectadores necesarios a una representación teatral. Porque aunque se haya sacrificado la dignidad, quizás en esta ocasión el desenlace era lo de menos. Cuando se trata de Neymar, un buen enredo siempre es oportuno.