17 feb 2020

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Análisis

Gabriel Rufián, durante su discurso en la última jornada de la investidura.

EFE / BALLESTEROS (EFE)

Ni el independentismo pudo desbloquear la investidura

Berta Barbet

El escenario deja dos grandes incógnitas sobre el futuro en Catalunya: la estrategia de negociación del independentismo y las consecuencias de la desconfianza entre PSOE y Podemos

Una de las tónicas del debate sobre la gobernanza de España ha sido que, el aumento del número de partidos y la mayor fragmentación, no se ha traducido en un cambio en las dinámicas de coalición. A pesar de la inicial incertidumbre, los partidos españoles se han acabado dividiendo en dos bloques que ocupan espacios parecidos a los que ocupaban los dos antiguos partidos. Dos bloques que, en cuando no consiguen la mayoría absoluta, necesitan el voto de partidos regionales. En muchas ocasiones de los vascos y catalanes.  

Esta situación generó un claro dilema en unos partidos independentistas catalanes que, desde que Rajoy perdió la mayoría absoluta en el 2015, se han tenido que debatir entre si intentar bloquear la gobernanza del país o participar en las elecciones de gobierno para poder tener más voz. A pesar de que esos partidos nunca han supuesto mucho más del 5% de los diputados del Congreso, el independentismo ha marcado los Gobiernos que han ido saliendo de la Cámara. Su participación en la moción de censura fue clave para su éxito, como lo fue su voto negativo a los Presupuestos para acabar con la legislatura.

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Esta dinámica se ha roto, veremos si temporalmente o no, esta última semana. El escenario del 28 de abril dejaba una situación que facilitaba más que nunca la creación de un Gobierno de izquierdas sin bloqueo por parte del independentismo. El resultado de ERC permitía poder tomar decisiones sin necesidad de convencer a Junts per Catalunya de su estrategia. Además, este resultado se había conseguido después de una apuesta bastante clara de la formación por no bloquear un Gobierno que pudiera frenar a PP, Cs y Vox. No obstante, y a pesar de la predisposición del grupo liderado por Gabriel Rufián, las malas negociaciones entre PSOE y Podemos han provocado que el Gobierno no se haya podido formar y que el color del futuro Ejecutivo siga siendo incierto.

El escenario de esta semana deja dos grandes incógnitas sobre el futuro en Catalunya. La primera tiene que ver con la estrategia de negociación del independentismo y las posibilidades de que haya un cambio en la hegemonía del movimiento. En este sentido, es clave saber si ERC va a mantener su estrategia en el futuro. No solo por los cambios que pueda provocar una votación más cercana a la sentencia del juicio del 'procés', también porque la amenaza de unas posibles elecciones puede volver a abrir una competición dentro del bloque que cambie incentivos.

La segunda incógnita tiene que ver con las consecuencias de la situación de desconfianza sobre las distintas propuestas de PSOE y Podemos, y la posibilidad de generar un nuevo tipo de alianza, también en Catalunya.  La desconfianza actual, incluso si no tiene que ver con el independentismo, no ayuda a emprender estrategias potentes y ambiciosas de búsqueda de soluciones para el conflicto, y esto a su tiempo, dificulta las posibilidades de un cambio de alianzas catalán que permita, también, superar el bloqueo en Catalunya.