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LA CLAVE

Una persona con dos representaciones físicas del Bitcoin.

AFP

Una nueva Inquisición

Albert Sáez

Hay una tendencia a atribuir a las redes y a internet todos los males de nuestro tiempo

De manera lenta y casi imperceptible, se va abriendo paso un discurso que explica todos los males actuales de la humanidad en base al universo de internet. Hace unos días, un sesudo estudio sentenciaba que los adolescentes accedían a publicaciones pornográficas a través de internet a los 14 años. Si cambiamos internet por las revistas de papel, es evidente que no hay novedad alguna en el tema. Algo similar ha ocurrido con el envenenado debate de las fake news, como si la mentira fuera un advenimiento digital. ¿Nadie recuerda ya las imágenes fake de las armas de destrucción masiva que Collin Powell mostró en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2003? ¿O aquel entrecomillado de Aznar en las ediciones de urgencia de los diarios de papel sobre los atentados del 11-M: "ha sido ETA"? Lo único novedoso es que mentir en las redes es más barato y más eficiente, en el sentido que se distribuye más deprisa con menos costes. También es cierto que hay menos filtros, la ausencia digital del reconocimiento a la figura de los editores es una tragedia, pero también hay más transparencia y las falsedades tienen más ojos que las vigilan con posibilidad de denunciarlas. 

De vez en cuando, esta nueva Inquisición obsesionada con internet y con las redes, practica el negacionismo. La Sala Penal del Tribunal Supremo del Reino de España acaba de sentenciar que "el bitcoin no es dinero". Lo ha dicho a propósito de una estafa practicada con la criptomoneda, pero cuya indemnización se deberá pagar con "moneda de curso legal". Menos mal que no se les ha ocurrido decir que no se podrá pagar con una moneda virtual, porque por ese camino acabarían pidiendo que el condenado fuese a buscar el oro al Banco de España. Cada día, se realizan miles de transacciones en todo el mundo con bitcoins. Las monedas obtienen su valor en el cambio. Las físicas y las virtuales, sino es que consideramos que todas son virtuales en tanto son "representaciones". En fin, que en internet y en las redes hay los mismos males que allí donde puebla el género humano: estafadores, explotadores sexuales, mentirosos,... Y también hay todas las grandezas. Con menos filtros, lo cual a veces es mejor y otras peor. Pasemos a otro tema.