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ANÁLISIS

Griezmann, en el Barça-Atlético disputado en el Camp Nou el pasado mes de abril.

AFP / LLUÍS GENÉ

'C'est magnifique', dice el Barça... Pues lo será

Emilio Pérez de Rozas

¿Qué costó aquella servilleta de papel donde Charly Rexach le hizo el primer contrato a Leo Messi? En serio, ¿Leo y su padre se creyeron que aquella servilleta, con el garabato del gran autor de «correr es de cobardes» tenía la validez?

Cada vez que pienso en la manera y forma que el Barça se hizo con Leo Messi se me pone la piel de gallina o, perdón, en término cruyffistas, gallina de piel. Cada vez que pienso en lo hábiles que fueron los gestores azulgranas, fuesen Charly Josep María Minguella, que ahora ha jurado (no será para tanto, le dejaremos ir al Camp Nou, por supuesto) que si el Barça fichaba al francés no volvería al campo, me entran escalofríos.

Y todo porque nadie en Argentina tenía dinero para pagarle el tratamiento médico, las inyecciones para su crecimiento. Por eso vino D10S a Barcelona, por eso vino Messi a visitarnos, por eso el gran hacedor de milagros vive entre nosotros. Solo por eso, porque en Argentina, como tampoco los tendría ahora, no habían ni 100 dólares para pagar esos inyectables.

Lo que piensen los demás

Y, ahora, muchos años después, llega alguien al que le colocan una cláusula de libertad más alta que los 700 millones de euros que tiene Messi. Se llama Antoine Griezmann y, desde luego, aunque ya ha estado en la terna del Balón de Oro, donde siempre está Messi, lo cierto es que se han pagado 120 millones de euros (a la baja: valía, dicen, 200) y ha firmado por cinco años, a razón, cuentan, de 17 millones de euros, pura calderilla al lado de lo que gana, ¡cómo no!,  D10S. Y su cláusula asciende a los 800 millones.

Al Barça y, por descontado, al nuevo vicepresidente deportivo, Josep María Bartomeu, le trae sin cuidado qué vaya a hacer Ernesto Valverde con Griezmann, qué opinión le merece a miles de culés (no me atrevo a escribir millones, pero dicen que los hay, sí) el plantón en el mejor estilo Piqué que el rebelde francés le hizo al club, que, para muchos, ha dejado ya de ser mes que un club. Claro que Piqué también dijo que Neymar se quedaba, así que todos en paz.

Al Barça, a su inmenso y poblada dirección deportiva, a los que llevan las cuentas, les importa poco lo que opine ahora mismo la afición, pues creen que, en cuanto Griezmann meta dos golazos en el Bernabéu o le conceda dos asistencias de gol a Messi (hará las dos cosas, ya verán), hasta Rosalía se pondrá la camiseta a cuadros azulgranas y cantará fuerte sus goles al ritmo de moda.

Los mejores cromos

Porque, cuando el hambre aprieta, uno es capaz de todo. Y el Barça necesita ya volver a ganar la Champions y los que mandan (y los otros, digo, la afición ensimismada con Guardiola, Iniesta y Xavi, que se fueron aunque, eso sí, para volver un día) han decidido que, antes que regresar al viejo estilo, mejor comprarse dos o tres de los mejores cromos del mundo futbolístico. Y dos, desde luego, ya los tienen aquí: Griezmann De Jong. ¿El otro? No, el otro no, por favor. El otro no. Pero sí... si lo pide el de la servilleta.
C'est magnifique, dice el Barça en su cartel promocional. Pues lo será. Claro que lo será.