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ANÁLISIS

Griezmann celebra un gol al Alavés en el Metropolitano.

AFP / CURTO DE LA TORRE

Del mercadillo a la boutique

Sònia Gelmà

No hay suficiente espacio para colocar toda la mercancía, alguna queda amontonada. Tampoco se vigila en exceso la estética porque de lo que se trata es de colocar cuanto más producto mejor. Hay varios puestos vendiendo lo mismo, o sea que el éxito depende en gran parte de tu capacidad de seducción. "¡Bueno, bonito y barato!", vociferan desde ese mercadillo de ocasión, con puestos a lado y lado de la calle y en el que los más avispados siempre encuentran alguna ganga.
Lo que se vende más en ese mercadillo de toda la vida es lo más económico y ahí, el Barça ha entrado a competir. "Me lo quitan de las manos", le decía a unos y a otros. Y como en cualquier jornada de sábado, a medida que pasa el día va bajando el precio, porque se sabe que si no se venden esos melocotones, los acabará regalando.

Quitándose productos de encima

Y así llegó al final de su jornada, la del 30 de junio, quitándose producto de encima, caso de Denis Suárez —entiéndase la metáfora— para volver a cargar a la furgoneta hasta la próxima parada. Es cierto que las piezas más caras siguen ahí, pero una vez superado el listón de las cuentas, el 1 de julio permite que el club entre en una nueva dimensión.

Cuando inició la operación salida, el Barça se hacía el digno y aparentaba ser una boutique de lujo. Pero la operación Cillessen-Neto, nos trasladó a pie de calle. El portero holandés era su producto estrella y ha acabado intercambiando lo mejor de su parada por un producto de muy buena calidad de la parada valenciana de enfrente.

La calidad de Neto es indudable, la cuestión es si el Barça necesitaba para su portería un producto tan caro. Aunque claro, qué más dará el precio cuando se trata de un trueque, una forma de transacción bien antigua para resolver los problemas más modernos, los balances económicos.

Superado el terror de presentar pérdidas, los dirigentes vuelven a sentirse importantes, con una chequera en el traje

Superado el terror de presentar pérdidas, el club se ha trasladado de nuevo al Paseo de Gracia de Barcelona, se ha alquilado una de esas tiendas de mil metros cuadrados, en la que te sirven un café cuando entras y que solo está al alcance de grandes bolsillos. Se acabaron los trueques, al menos para maquillar las cuentas, los que se puedan hacer para volver al 2015 tendrá otros motivos. 
Los dirigentes vuelven a sentirse importantes, con una chequera en el traje que les permite pagarse un Griezmann mientras aspiran a un Neymar. Y si por el camino se les aparece éste o aquel capricho, ¿por qué no permitírselo? Ya volverá a llegar el mes de junio y ya tocará salir otra vez con la furgoneta y lo sobrante. Y sí, volverán a estar con el agua al cuello, hasta encontrar la manera de sobrevivir. Porque mientras no haya una Champions que echarse a la boca, de lo que se trata es de seguir con la huída hacia adelante.