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La gestión de los bosques

Un bombero trabajando en el incendio.

FERRAN NADEU

¿Luchar contra el fuego o adaptarse a los incendios?

Joan Pino

Los incencios volverán y lo mejor que podemos hacer es prepararnos para mitigar sus efectos

El gran incendio forestal de la Ribera d’Ebre ha reabierto el debate sobre cómo actuar ante este tipo de fenómenos. La complejidad de las decisiones que se deben tomar es abrumadora, pero el conocimiento científico no alberga dudas en cuanto al mensaje que la sociedad debe asumir: el fuego va a volver, y lo mejor que podemos hacer es adaptarnos y prepararnos para mitigar sus efectos.

Estamos a las puertas del peor incendio de los últimos 20 años en Catalunya, según advierten los bomberos, después de dejar bien claro que no tienen expectativas de poderlo contener de forma inmediata. Llevan años insistiendo en que los grandes incendios son el objetivo a combatir, sobre todo poniendo el punto de mira en la necesidad de apagarlos en invierno, gestionando el bosque antes de que la urgencia sea salvar vidas y minimizar otros impactos.

De poco nos sirve echarle la culpa a la fatalidad del cambio climático, que ya está aumentando la frecuencia con la que se dan las condiciones idóneas para el fuego, aunque por el medio encontremos años frescos. Hay otro factor, el socioeconómico, sobre el que tenemos mucha más capacidad de actuar. Tenemos la responsabilidad como sociedad de hacerlo, y con urgencia. El éxodo rural iniciado en el siglo pasado dejó amplias zonas del país despobladas, cultivos y bosques totalmente abandonados y economías y servicios locales depauperados. El resultado de esta transformación socioambiental es que los bosques ocupan un 10% más del territorio catalán que hace 60 años, que la mayoría de los nuevos bosques son muy jóvenes, densos y continuos, escasamente gestionados y, en definitiva, constituyen un auténtico polvorín ante situaciones meteorológicas como las de estos días, que secan y calientan la vegetación. Eso es lo que favorece que haya grandes incendios, que se escapan totalmente a nuestra capacidad de apagarlos y que consumen la gran mayoría del presupuesto público destinado a la gestión forestal.

Hace falta planificar la gestión del bosque a gran escala territorial, coordinando los esfuerzos de la administración, los propietarios (el 80% de los bosques catalanes son privados), las asociaciones implicadas y el conjunto de la sociedad. Es necesario establecer prioridades en los bosques más vulnerables, y favorecer un paisaje que forme un mosaico más diverso, combinando bosques más maduros con formaciones vegetales más abiertas. Debemos velar por la seguridad de las zonas pobladas colindantes y, a su vez, desarrollar nuevos modelos de silvicultura, porque ya no le pedimos al bosque solo madera y leña, sino muchísimos otros servicios (regulación del ciclo del agua y del clima local y global, valor estético y recreativo, identidad social, etc.) que antes apenas teníamos en cuenta.

Los incendios van a volver, son parte de nuestros ecosistemas y el cambio climático los favorece. Pero tenemos herramientas para hacer una gestión que minimice sus impactos. ¿A qué esperamos?

Director del CREAF. Firman también este artículo Francisco Lloret Maya y Josep Maria Espelta Morral, investigadores del CREAF