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IDEAS

Naomi Wolf, en Nueva York, en el 2012

AP / MARY ALTAFFER

¿Qué fue del intelectual todopoderoso?

Lucía Lijtmaer

La web Urban Dictionary define al “intelectual público” como “un académico que pasa demasiado tiempo en Twitter”. Lo curioso es que la broma de esta web colaborativa sobre jerga y vocabulario se adapta bastante a la realidad. Se suceden los 'beefs' públicos, mientras que los nombres que solían ser sinónimos de garantía y solvencia caen en desgracia. La última ha sido Naomi Wolf, cuando un periodista de la BBC refutó en una entrevista emitida en vivo en la radio la tesis más importante de su nuevo libro.
 

Los nuevos grandes temas que ocuparán nuestro siglo XXI (ecología, feminismo) no necesitan de un gran gurú, sino de un flujo sistémico en red

La caída del intelectual como lo conocíamos viene también de la mano de un cambio tectónico en lo que entendemos por pensamiento intelectual. Los nombres que solían representar la necesidad de soliviantar la acción pública, una voz discordante desde el exterior, han ido adquiriendo cada vez más peso, hasta representar la idea de un intelectual superpoderoso, que lo puede todo. Independientemente del espectro político, ahí están Jordan Peterson o Jill Abramson, que han ido sustituyendo la noción de intelectualidad estadounidense que les precedieron -Noam ChomskyGore Vidal, por ejemplo- . O, como define la periodista Soraya Roberts, “el intelectual público contemporáneo ha pasado a representar el sueño americano, que la persona más lista de una habitación sea también la más rica”.

¿Está, pues, en decadencia la figura del intelectual público? Algunos dicen que los casos de Wolf o Jill Abramson – antigua directora ejecutiva del 'New York Times', acusada de plagiar parte de su libro 'Merchants of truth'- demuestran que si no en declive, sí lo está la idea aspiracional de un ser todopoderoso que proporcione las claves adecuadas del pensamiento contemporáneo.

Quizás lo más notable de estos nuevos tiempos sea un cierto cambio de foco: los nuevos grandes temas que ocuparán nuestro siglo XXI -ecología, feminismo- no necesitan de un gran gurú, sino de un flujo sistémico en red. Quizás no se tratará de grandes nombres, sino de grandes ideas, que circulen como enjambres. Y si eso implica que todos nos demos menos la turra en Twitter, bienvenido sea.

Temas: Libros