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LA ESTRATEGIA DE RIVERA

Pedro Sánchez y Albert Rivera, el pasado 7 de mayo, en la Moncloa.

JOSÉ LUIS ROCA

Ciudadanos, ciegos y sordos

Joaquim Coll

El profesor Francesc de Carreras ha reprochado a Albert Rivera en 'El País' haberse convertido en un “adolescente caprichoso”. Le acusa de olvidar los intereses generales de España e ir en contra de la razón que llevó a fundar Cs en 2006: luchar contra los nacionalismos. Le censura que persiga arrojar al PSOE a pactar con Podemos y los separatistas cuando con sus 57 diputados podría tener la llave de la legislatura. Carreras no cita en sus reproches los acuerdos con Vox seguramente para no echar más sal en la herida. Quienes sí expresan incomodidad son sus socios centristas europeos, sobre todo los franceses de Macron, que consideran que los apoyos de la extrema derecha no son aceptables. Entenderse con los ultramontanos no es plato de gusto para la formación naranja pero es la consecuencia de querer disputar al PP la hegemonía en la derecha.

El problema es que esa estrategia, que se mezcla con una fuerte animadversión de Rivera hacia Pedro Sánchez, se ha demostrado fallida en todas las citas electorales. En las generales, que es cuando estuvo más cerca de alcanzar al PP, el crecimiento de Cs no llegó a 3 puntos mientras los populares cayeron desde el 33% hasta el 16,7% (en beneficio sobre todo de Vox). Un mes después, en las elecciones europeas, el sorpasso a los conservadores se esfumó completamente. La diferencia entre la formación de Pablo Casado y la de Rivera se elevó ya a ocho puntos. Así pues, todo ese giro hacia la derecha le ha servido de poco a cambio de sumarse a una dura política de bloques y renunciar a su función de partido bisagra desde el liberalismo progresista. Sin embargo, los dirigentes naranjas niegan la mayor y exhiben unos resultados electorales fabulosos. Es verdad que hoy tienen más diputados, senadores, concejales que hace cuatro años y han alcanzado el poder en muchos ayuntamientos y algunas autonomías. Pero Rivera ha fracasado en su objetivo de expulsar a Sánchez y su partido se ha convertido en la muleta del PP en casi todos los pactos en alianza con los ultramontanos.

Además es una estrategia agotada porque Vox aparece ya como un fenómeno transitorio y, en el siguiente ciclo electoral, gran parte de sus votantes volverán al PP. En cambio, la negativa de Cs de entenderse con el PSOE practicando un antisanchismo rencoroso le acabará pasando factura. Por ahora Rivera se niega a ver la realidad y a escuchar las críticas de los fundadores del partido como Carreras. Es un empecinamiento insólito que acabará por agrietar la confianza entre sus bases y cuadros. En Catalunya, solo Manuel Valls, que es independiente, se ha desmarcado de esa política absurda y convertido un mal resultado en una victoria estratégica apoyando a Ada Colau para evitar que Barcelona cayera en manos del separatismo. Es lo más importante que ha pasado en Catalunya en mucho tiempo. Las elecciones al Parlament, que podrían convocarse tras la sentencia del Supremo, van a coger a Cs sin liderazgo tras la inexplicable marcha de Inés Arrimadas. Si en el partido naranja siguen ciegos y sordos van camino de arruinar por completo su éxito en las últimas autonómicas.