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IDEAS

Chris ODowd y Rosamund Pike, en la serie State of the union.

La independencia de Hornby

Miqui Otero

¿Vemos demasiadas series porque no tenemos vida o no tenemos vida porque vemos demasiadas series?

Propongo, años después, esta triste adaptacióndel célebre fue-el-huevo-o-la-gallina con el que Nick Hornby definió lo que sentíamos a los 18 años en su novela 'Alta fidelidad': “¿Estoy triste porque escucho música pop o escucho música pop porque estoy triste?”.

Ahora ese mismo autor ha escrito una serie que parece zanjar la primera pregunta. Todo el mundo sabe que el masivo visionado de series es cómo las parejas capean los silencios incómodos. Una maniobra que se complica cuando llega un hijo a casa. Con 'State of the Union', dirigida por Stephen Frears, que también firmó la adaptación al cine de 'Alta fidelidad', Hornby parece echarles un capote: diez capítulos de apenas diez minutos sobre un matrimonio en pleno crack sentimental y metafísico.

Sobre la serie 'State of the Union', sobre un matrimonio acabado que discute sobre el 'brexit', y sobre sus posibles adaptaciones a nuestro entorno

Los capítulos van así. Él, crítico de rock varado en la fase anal y con barba de demasiados días, llega siempre al mismo pub victoriano y pide una pinta de cerveza London Pride. Ella, de la que sabemos que se ha acostado con otra persona y que vemos ciertamente más enérgica, una europea copita de vino blanco. En lo que duran las consumiciones discuten sobre sus vidas mientras esperan entrar a terapia matrimonial y, ocasionalmente, espían qué les sucede a los otros pacientes que salen de ella. Ella le dice que el problema es que él piensa que tener 40 es tener 65 pero con niños más pequeños y que ella en cambio lo ve como tener 30 pero con más horas de gimnasio. Cuando enfilan la consulta, créditos. Sin embargo, la primera discusión fuerte la tienen cuando sale a colación el tema del 'brexit': él, en paro, votó a favor solo por fastidiar y ella no solo no entiende el voto, sino tampoco por qué se lo escondió. De ahí el título: el estado de la unión (europea, británica y de los dos).

Un posible 'remake' en Barcelona. Un matrimonio ya roto queda cada semana para ir al Camp Nou porque comparten carnets de socio. Aunque apenas se hablan, los dos siempre han pensado que el Barça es el ejército desarmado de Catalunya y su amor germinó gritándole “burru” a Bakero. Antes tomaban birra o gintónic los fines de semana, pero ahora ella pide ratafía y él, Soberano, en el único bar que sirve esas bebidas (un restaurante cercano al estadio regentado por un chino). Ella es independentista y él, unionista, aunque hasta hace poco se llamaban por sus nombres de pila. Las hostilidades empezaron enmascaradas en bromas. Cuando ella se entretenía demasiado en el lavabo, él aporreaba la puerta al grito irónico de: “Tenim pressa!”. Ella entonces le soltaba que a ver si se hacía un régimen del 78, porque esas lorzas no eran normales para su edad, a lo que él respondía acariciándose la barriga como si estuviera preñado y susurrando: “Ho tenim a tocar”. Ella pedía en este bar calamares a la romana y los cortaba en un punto para que se enroscaran y entonces él enarbolaba un kétchup que aplicaba sobre los extremos de ese lazo. Ella zanjaba las discusiones hablando de la cárcel preventiva y él callaba porque opinaba lo mismo que ella, aunque, en una discusión, ¿quién quiere hablar de las coincidencias y no de los conflictos? (y aun así secretamente recordaban que la última vez que tuvieron buen sexo fue después de pasar el día cabreadísimos por lo que sucedía el 1 de octubre).

Tienen, en definitiva, conversaciones muy adultas sobre temas cruciales aunque olvidan hablar de qué napias les sucede a ellos. Cuando ella se fue con otro, le dijo: “Y ahora gestiónalo”. Él contestó: “Procésalo tú. Els carrers seran sempre teus”. La serie los retrataría en ese bar chino antes de cada partido, aunque en el último episodio, después del fatídico tramo final culé y ante la inminencia del debate sobre pureza democrática de pactos poselectorales, decidirían ir a terapia de Les Corts para arreglar las cosas. ¿Quién podría ser la terapeuta? Una pista: no es Messi. Lo que sabemos es que lo primero que les recomendaría sería volver a ver alguna serie juntos, aunque fuera cortita. Les tendería una tarjetita de HBO donde se leería: 'State of the union'.