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Análisis

Juan Trinidad (Ciudadanos), elegido presidente de la Asamblea de Madrid en la votación de hoy.

DAVID CASTRO

Madrid Central

José Luis Sastre

La foto de Colón no fue una excepción, sino un anticipo

Las mañanas de Madrid a menudo se agitan y parece que sucedan en ellas todas las cosas sin que en realidad acabe de pasar ninguna, de forma que el interés de unos pocos tiende a emitir la imagen de un país entero como si todo el país cupiera en esos pocos kilómetros. Ocurrió de nuevo este martes, entre el Congreso de los Diputados y la asamblea de Madrid y la sede del Tribunal Supremo, con el tramo final del juicio al 'procés'. Da la sensación de que en ese triángulo madrileño, versión política de Madrid Central, se resolverá una legislatura que en verdad aún está por empezar.

El juicio explica que Pedro Sánchez evite el apoyo de los independentistas, porque sabe que el problema no lo tendría en la investidura ni en los primeros meses sino luego, cuando Esquerra Republicana y Junts per Catalunya -probablemente ya divididos- conozcan las sentencias y llamen a las movilizaciones en las calles si se dictan largas condenas. De ahí las nuevas apelaciones del PSOE al PP y a Ciudadanos, aunque acaben como ya se sabía que acabarían, pero que le permiten descargar en la derecha parte de la responsabilidad del escenario. En el Supremo, Madrid emite un mensaje: la primera gran prueba de la legislatura será la gestión política del gran fracaso político que marcará a esta generación, que fue (¿es?) el 'procés'.

Lejos del centro, en el distrito de Vallecas, Madrid emitió un segundo mensaje: el pacto andaluz y la foto de Colón no fueron excepciones, sino anticipos. Ciudadanos normaliza los acuerdos con la extrema derecha y Vox anuncia incluso alianzas con el PP para el gobierno de la Comunidad. Santiago Abascal necesita jugar en las instituciones el protagonismo que las urnas le negaron y es consciente de que PP y Ciudadanos se construyeron en campaña un camino único que les lleva a pactar con ellos y nadie más, si la cosa iba de izquierdas o derechas.

Se esfuerza Albert Rivera en disimularlo, pero son sus nuevos socios quienes mejor le han cogido la medida y quienes más ganas le tienen. Rivera, maestro de las palabras, trata de ponerlas todas del revés, sin darse cuenta de que, mientras se dedica al léxico, Vox le ha atrapado en su marco. Así, 'Madrid Central' se ha llenado de conceptos trampa y realismo mágico y al pacto con los ultras lo llaman 'encuentros de cortesía'. Hay altas concentraciones de eufemismos en muy pocos kilómetros cuadrados. 

Es momento de las palabras y ahí estaba el tercer y más popular mensaje de 'Madrid Central', el del “Gobierno de cooperación”. Como no se arreglan con las personas elegidas -que es lo que de verdad les enroca- y no aclaran lo de las políticas, han tenido que inventar maneras de nombrar la nada. Los creadores de la 'abstención técnica' y quienes llaman rotaciones a las purgas dedicaron el martes a parir una expresión que no fuera coalición ni su contraria. Nadie sabe -ellos tampoco, por supuesto- lo que significa gobierno de cooperación, pero eso da lo mismo. Necesitaban algo que decir mientras no decían nada. Que, en los tiempos que corren, las palabras ya no dicen y, en cambio, las fotos lo dicen todo.