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ANÁLISIS

Valverde, tras perder la final de la Copa del Rey en Sevilla.

JORDI COTRINA

Una cadena de decisiones pobres

Jordi Puntí

Llámenme nostálgico, o cenizo, o utópico, pero yo, a quien eché de menos el sábado ante el Valencia, fue a Iniesta. O a un jugador como Iniesta. Alguien que fuera capaz de jugarse un regate en el balcón del área, de asociarse con Messi, de llevar el balón hasta las zonas de influencia. ¿Para qué sirve tener la posesión y dominar el centro del campo si, a la hora de la verdad, no hay nadie que rompa el ritmo, busque el dos contra uno, propicie una combinación letal? 

Llámenme nostálgico, o cenizo o utópico, pero yo a quien eché de menos el sábado en Sevilla fue a Iniesta

A principio de temporada se suponía que este trabajo debía de hacerlo Coutinho, pero ya hemos visto que hasta ahora ha sido un jugador insignificante, agarrotado e incapaz de asumir su rol en el equipo. Quizá el problema es que no encaja en la música que quiere tocar el Barça, como si al mejor batería del rock duro actual le pidieras que toque en un cuarteto de jazz.

Creo que a Valverde debería dar explicaciones por dos cosas: por haberle mantenido en el equipo una y otra vez, como un privilegio, y por habernos hecho creer que se podía jugar sin ese jugador clave. 

Hecho unos zorros


La realidad es que, como un náufrago, extenuado, el Barça alcanzó este sábado a duras penas la playa. La derrota contra el Valencia confirmó los síntomas de la eliminación frente al Liverpool y el equipo llega al final de la temporada sin fuelle, hecho unos zorros, física y mentalmente agotado. Cuando el cuerpo no da para más, el cerebro piensa más lento y le cuesta reaccionar psicológicamente.

En la primera parte, jugadores como RakiticAlba Sergi Roberto ya daban signos de cansancio preocupante. Es cierto que las lesiones han penalizado al Barça en este tramo final de la temporada, y con Dembélé se habría podido buscar esa profundidad y desequilibrio que daba Iniesta y no Coutinho

La temporada ha dejado errores de bulto en la gestión: ahí está ese fichaje de Boateng, el turista accidental

También es cierto, sin embargo, que la temporada ha dejado errores de bulto en la gestión: ahí está ese fichaje de Boateng, el turista accidental, que quedará como ridículo de esta directiva. A ello se añade la discutible gestión de las rotaciones de Valverde, confiando sobre todo en un núcleo de 13 jugadores y con una presencia anecdótica de los demás, sobre todo Malcom Aleñá.

A esta situación hay que añadir el escaso peso que tiene hoy el fútbol de las categorías inferiores, en otro tiempo enseña del club, y quizá el equívoco de principio de temporada –la decisión de escoger a Miranda por encima de Cucurella como sustituto de Digne– sea también un error enfático.


Sobre la posesión


En la rueda de prensa previa al partido contra el Valencia, Valverde hizo una defensa del futbol instrumental. La posesión es un medio, dijo, no "el fin último", y debe servir solo para atacar, no como recurso en sí mismo. Es un matiz que habla de su honestidad, pero a su vez pone en duda el modelo que nos ha hecho felices en las últimos décadas. Puede que haga de la necesidad una virtud, pero lo repetiremos a pesar de ser de todos conocido: entre jugar con una idea y ganar, es preferible jugar defendiendo esa idea. Porque, en general, la idea te permite saber lo que haces y acabas ganando. Cuando pierdes, la idea te permite entender mejor por qué has perdido. De lo contrario, lo que te queda es cara de tonto. Y lo demás es silencio.