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IDEAS

El personaje de Daenerys, encarnado por Emilia Clark, en un fotograma de Juego de tronos. 

EFE / HBO

La culpa de los Tronos la tiene Yoko Ono

Miqui Otero

Y ahora que ya habéis hablado todos, es el momento de que yo os entregue la clave exacta del final de 'Juego de tronos'.

Es broma.

Más que el final de la serie, lo que verdaderamente me ha interesado han sido las reacciones a ese final. Y aún más las reacciones ante esas reacciones. Así que supongo que esto es mi reacción ante las reacciones a las reacciones. 

Entre otras muchas protestas airadas por un final para muchos decepcionante, casi un millón de personas han firmado una petición en el portal Change.org para que los responsables de la serie rueden de nuevo la última temporada para que acabe de otro modo.

Esta es mi reacción a las reacciones a las reacciones al final de la serie 'Juego de tronos'

Muchos han interpretado esta súplica algo delirante como un signo de los tiempos, despachándola con un 'malditos millenials' y volviendo a poner el grito en el cielo por el narcisismo 2.0. Es culpa del superyó en las redes sociales, de una generación caprichosa acostumbrada a mandar, todas esas cosas. 

Bien, no nos pongamos demasiado estupendos, compañeros de mediana edad y sociólogos pop exprés. En 1903, Conan Doyle se vio obligado a revivir, muy en contra de su voluntad, a un personaje al que había tirado por unas cataratas aproximadamente una década antes. Su madre ya lo había avisado de que eso no le gustaría ni un pelo a sus fans. Y pudo recrearse en el “te lo dije”: 200.000 bajas en la suscripción al periódico donde se publicaba, cartas iracundas y de retórica Jiménez Losantos en casa del escritor y buzones inundados en todo Baker Street

Star Trek o 'El prisionero'

Algo parecido sucedió con manifestaciones y cartas a la NBC en 1968, cuando muchos fans de Star Trek hicieron presión para que se rodara una tercera temporada. Ese mismo año, la gran serie de culto 'El prisionero', un encantador delirio psicodélico sobre un doble espía al que quieren arrancar un secreto, acabó con un final atropellado que casi le cuesta la vida a su responsable. El protagonista de la ficción no podía huir de una isla y su creador, Patrick Mcgoohan fue insultado, vejado, escracheado hasta que logró huir de las islas británicas. Incluso The Times le dedicaron una canción titulada 'Yo ayudé a Patrick McGoohan a escapar'. A principios del siglo XXI, los seguidores de series ya se organizaban enviando 20 toneladas de cacahuetes o miles de botellas de tabasco para colapsar las oficinas de las cadenas que pretendían cancelar sus ficciones favoritas. Podría seguir.

Pero, por alguna razón, se dice que lo de las reacciones al final de 'Juego de Tronos' es un lamentable signo de los tiempos. Son los mismos que lo decían sobre el Fyre Festival, pasando por alto desgracias como la del mítico festival de Altamont en los 60 (actuaban los Stones y contrataron a violentos Ángeles del Infierno como seguridad... a cambio de cervezas). Supongo que son los mismos que le echaban la culpa a Yoko Ono del final de los Beatles (y de todo).

A todos ellos, un secreto: si eres fan de algo (un libro, una serie, un verano, una persona, la vida) resulta que no te gusta que acabe. Y como no te gusta que acabe, es difícil que te guste cómo acaba, aunque acabe bien. De hecho, como sucede con las despedidas o las rupturas, si acaba demasiado bien, a menudo es peor porque no aceptas que ha acabado. A mí tampoco me gustan los finales, así que acabaré esta columna de forma sobria, con un punto.