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Los temores del PP

El presidente del PP, Pablo Casado. 

Marcial Guillén (EFE)

Atlas de una pesadilla electoral

Inma Carretero

Queda menos de una semana para que los peores malos sueños que torturan a Pablo Casado puedan hacerse realidad

Ha dormido poco, pero decide ir caminando a su despacho en la calle de Génova. A ver si consigue ordenar las ideas. No ha pasado buena noche. ¿Cómo conciliar el sueño con Castilla y León en manos de la izquierda por primera vez desde 1987? Todos esos argumentos que defendieron en la campaña de las andaluzas, el cambio como valor en sí mismo, le han caído encima en su feudo, su granero de votos y de líderes populares. Más de 30 años de gobierno. José María Aznar, Jesús Posada, Juan José Lucas y Juan Vicente Herrera. Ahora todas esas razones que le sirvieron para que Ciudadanos les aupara en el baluarte del socialismo son las que esgrime el partido naranja para hacer presidente al «aprendiz de Pedro Sánchez».

Málaga. Su capital de Andalucía. Cuando los socialistas encadenaban mayorías absolutas, Málaga siempre fue su bastión. 24 años de gobiernos municipales del PP, 19 de ellos con Francisco de la Torre al frente, el alcalde de los alcaldes. El de la solidez en la gestión y la mano tendida a las administraciones de distintos colores para marcar perfil propio. Su esposa se fue a los periódicos un día a decir que su marido no debería repetir en los carteles, que ya había sido suficiente, que tiene 76 años; pero fracasó en el intento de retirarle. La ola del PSOE les pasó por encima el 28 de abril y los dejó en tercera posición en la capital, pero la marca Francisco de la Torre era otra cosa. ¿Quién conocía al tal Daniel Pérez que presentaba el PSOE?

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Nadie podía defender que esta fuera una campaña fácil tras la debacle. Desplazar a Javier Maroto para que la exministra Isabel García Tejerina se ocupara de las europeas y la riojana Cuca Gamarra coordinase las municipales y autonómicas fue el único movimiento posible a solo 15 días de pegar los nuevos carteles. La alcaldesa de Logroño, curtida en política municipal, que se remangó para vender «gestión, gestión y gestión» en pleno noqueo tras el 28-A y que ha visto con sus ojos cómo el PSOE gana en La Rioja después de seis legislaturas de Gobierno. Tampoco logra retener la alcaldía. Su alcaldía, aunque no era ella la candidata. Detrás de cada una de estas plazas hay un partido entumecido y estupefacto, porque eso que acaba de pasar eran cosas que les pasaban a los demás. A ellos no. Pero el gran símbolo de la derrota es Madrid. Porque son 24 años gobernando y porque es el gran trofeo del resurgimiento de la izquierda: arrebatar el poder al PP allí donde le plantearon la gran batalla, en el «kilómetro cero», decían, de los casos de corrupción populares.

Las sonrisas de los carteles de Casado, Montserrat, Díaz Ayuso y Almeida le han acompañado durante todo el recorrido. «Hay partido», ve a lo lejos en la fachada de la sede. Se frota los ojos. Es martes. Solo es 21 de mayo. Resulta que solo ha sido ese mal sueño que le tortura desde hace días. Otra vez. Menos de una semana le queda ya al Partido Popular para que la peor de sus pesadillas, a la que apuntan tozudamente las encuestas, no se haga realidad y que el desastre de Pablo Casado no sea definitivo.