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Elecciones en Barcelona

Los alcaldables de Barcelona Ada Colau, Elsa Artadi, Ernest Maragall, Manuel Valls, Jaume Collboni, Josep Bou y Anna Saliente en el debate organizado por la Mesa del Tercer Sector.

Candidatos efímeros

Eva Arderius

Los alcaldables barceloneses han venido a ganar, pero veremos quiénes se conforman con estar en la oposición

Estos días los vemos en los carteles electorales, en el periódico y en las televisiones. Quien no conocía a los candidatos de la alcaldía de Barcelona ahora tiene difícil ignorarlos. Pero mejor no cogerles cariño, podríamos estar ante un caso de candidatos efímeros y que después de las elecciones municipales se produzca una auténtica desbandada.

Ha habido una renovación sin precedentes de los alcaldables barceloneses, solo dos, Ada Colau, de Barcelona en Comú, y el socialista Jaume Collboni repiten. Elsa Artadi, Anna Saliente, pero sobretodo Manuel Valls y Josep Bou se han aprendido la ciudad a marchas forzadas. Han memorizado los números básicos de la ciudad, 73 barrios, 10 distritos y una cifra, 2,20, el precio del metro. Han estudiado dosieres, han hecho visitas acompañados de concejales veteranos. Todo con la mirada puesta en el 26-M. Han venido a ganar pero veremos quiénes se conforman con estar en la oposición. Cuando los focos de la campaña se apaguen quedará una actividad política municipal mucho más austera y mucho menos atractiva. Quedará la realidad, sin cámaras de televisión siguiéndolos por donde pisan. La vida de concejal no es la vida de candidato.

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El primero en sincerarse ha sido el cabeza de lista del PP, Josep Bou. El empresario 'vintage' transformado en candidato imprevisible, todo lo contrario del disciplinado Alberto Fernández Díaz, ya ha dicho que si no pinta nada se irá y dejará la política. Bou ha sido honesto, pero podría no ser el único a quién no le guste estar en la oposición. También es difícil imaginar al exprimer ministro francés, Manuel Valls, como concejal sin responsabilidades de gobierno. Valls y Bou no van por delante en los sondeos y esto hace que en las elecciones se jueguen menos. Irse es mas fácil cuando no eres el favorito. Pero la cosa se pone interesante en el otro extremo de las encuestas, con Barcelona en Comú y Esquerra disputándose el primer puesto y con el PSC aspirando a ser clave en un gobierno de coalición. Estos candidatos se lo juegan al todo o nada. El caso más claro es el de la actual alcaldesa, Ada Colau. Para ella el 26-M es ganar o ganar. Y si no consigue la confianza de los barceloneses lo tendrá muy difícil para quedarse. Ernest Maragall también ha venido para llegar primero y no tiene tiempo de esperar un mandato más, si el republicano no se convierte en alcalde, probablemente cederá el paso. Jaume Collboni lleva cuatro años en la oposición, el viento le sopla a favor, pero si no puede gobernar ahora, ¿tendrá la paciencia y el margen de confianza necesarios para esperar una nueva oportunidad?

En el ayuntamiento ha habido candidatos que lo han hecho. Han asumido derrotas, han picado piedra en las comisiones, han aguantado plenos larguísimos y han gastado suela de los zapatos pateándose las calles. Esto antes tenia premio, pero las cosas han cambiado. Esperar el momento desgasta. El último que se benefició de esta apuesta a largo plazo fue Xavier Trias. Dijo que aguantaría y se quedaría, y al final consiguió ser alcalde. Elsa Artadi promete lo mismo. Pero ahora la política es tan rápida y tan efímera como pueden llegarlo a ser estos candidatos. Que los números dos se preparen, para lo que pueda pasar.