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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Ilustración de Leonard Beard.

El cosmos no es tan estúpido

Juan Carlos Ortega

Uno de los problemas más inquietantes a los que se enfrentan los científicos partidarios del determinismo radical es que esta doctrina anula de forma irreversible el libre albedrío.
Si todo lo que ocurre en la naturaleza está dictado por las leyes de la física, también cualquiera de nuestras decisiones debe estar sujeta a ellas. Si los átomos se mueven ciegamente regidos por la ley natural, igual se comportarán las moléculas (formadas por varios átomos) y lo mismo podemos decir de nuestro cerebro (constituido por moléculas, hechas a su vez de combinaciones atómicas).

No hay escapatoria, como ven. Si asumimos que las leyes mandan, entonces nosotros no lo hacemos. El Universo, para los deterministas, es un mecanismo ciego gobernado por unas leyes que todavía no sabemos de dónde diablos han salido. En lenguaje más pedestre, podemos decir que todo está escrito. No por los dioses, sino por el rígido mecanismo del universo.

Político más odiado

Me he puesto pedante para dejar de serlo de manera repentina, porque ahora quiero hablarle, querido lector, de su político más odiado. No crea que cambio de tema; simplemente pretendo refutar para siempre ese determinismo radical del que le he estado hablando. Insisto, piense en se político, el que más rabia le de. Cada uno tiene el suyo. ¿Lo visualiza? Ahora intente recordar su declaración más estúpida, aquella ocasión en la que dijo algo que provocó que usted se llevara las manos a la cabeza exclamando: «¡Pedazo de imbécil!».

Bien, ahora recordemos las premisas del determinismo científico. Las leyes de la física gobiernan el universo, rigen el comportamiento de todas sus partículas. Ese político está formado por partículas y, si consideramos válido el determinismo, ese hombre actuará movido por los billones de billones de interacciones de las muchísimas partículas de las que está constituido.

14.000 millones de años

Hace 13.700 millones de años se produjo el 'big bang' y, desde entonces, las leyes de la física han hecho el resto. De manera inevitable se formaron átomos de helio y litio. La fuerza de la gravedad los unió en masas gigantes y se formaron las primeras estrellas. Dentro de ellas se generaron moléculas más pesadas. Algunas estrellas explotaron y enviaron al espacio un material que se agrupó para formar otros soles de segunda generación, y planetas extrañísimos, y en uno de ellos, normal o raro como cualquiera, apareció la vida tras una serie de reacciones químicas inevitables.

Y la vida se adaptó, siguiendo las leyes darwinianas hasta que... Sí, ¡hasta que apareció ese político en el que usted ha pensado! Dentro de su cerebro, cien mil millones de neuronas formadas por átomos le hicieron decir, sin que nada ni nadie pudiera evitarlo, obedeciendo las leyes de la naturaleza, esa frase que a usted le tocó tantísimo las narices.
Defender el determinismo radical, por tanto, implica que el Universo entero ha provocado que ese tipo dijera esa sandez. ¿Está dispuesto a creerse algo así? ¿Es el cosmos algo tan estúpido? Yo creo que no, porque el político en el que yo pensaba posee una estupidez tan gigante que ni el univeso, en sus casi 14 mil millones de años, ha podido generar.