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El drama de la inmigración

Inmigrantes rescatados por un barco militar francés en el puerto de Crotone, en el sur de Italia.

AFP / ALFONSO DI VINCENZO

Hay políticas que matan y políticas que salvan vidas. Y tú, ¿qué eliges este 28-A?

Juli Tello

Frente a las políticas que han provocado más de 18.000 muertos en el Mediterráneo en los últimos cinco años, hay alternativas

Las elecciones generales del 28 de abril ya las tenemos aquí y buena prueba de ello han sido los últimos debates electorales, algunos de los cuales con más escenificación que propuestas políticas. Seguramente, a estas alturas la mayoría de nosotros ya tenemos el voto decidido y ni debates hiperventilados ni artículos de última hora nos harán cambiar de opinión. Sin embargo, tenemos por delante una jornada de reflexión que, más allá de ahorrarnos más anuncios electoralistas, nos puede dar un respiro. Un momento de pausa que nos permita valorar y reflexionar sobre las políticas que han provocado más de 18.000 muertos en el Mediterráneo en los últimos cinco años, provocando la mayor crisis humanitaria que ha afrontado Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Son políticas que matan y que se deciden a nuestras instituciones.

A veces, es difícil establecer el vínculo entre las políticas y las consecuencias que estas tienen sobre la vida o la muerte de personas. Ahora bien, en el caso de las políticas migratorias, este nexo cada vez es más evidente e insostenible. Hablamos de políticas que se basan en el cinismo de ofrecer acogida, siempre y cuando consigas llegar a Europa por tus propios medios y arriesgando tu vida. Son políticas que levantan muros y colocan concertinas para cerrar cualquier acceso legal y seguro en el refugio; que dificultan y ralentizan la reagrupación de familias separadas; o que, directamente, prohíben rescatar personas a la deriva, tal y como ha sucedido con los barcos del Open Arms o el Aita Mari. Son políticas que, en tan solo unos meses del 2019, ya han matado a 402 personas, según datos de ACNUR. Más de 37.000 personas desde el año 2000. Pero no lo olvidemos, no son cifras, son personas.

Frente a estas políticas de muerte, hay alternativas. Se pueden hacer políticas de vida. Hablamos de todas aquellas políticas que ya existen, que ya están escritas y que solo requieren de una voluntad política clara por parte de los gobiernos. Una voluntad que no hemos visto por parte de nadie en los últimos años. Se trata de facilitar y reforzar las operaciones de salvamento marítimo, permitir la posibilidad de iniciar los trámites de protección internacional en embajadas y consulados en terceros estados, establecer procesos de reagrupación familiar ágiles y con garantías, políticas de reasentamiento desde países como Líbano -donde un 25% de la población es refugiada-, o la posibilidad de acceder a visados ​​humanitarios, entre otros. Son aquellas políticas sobre las que podemos reflexionar antes de ejercer nuestro derecho a voto. Está en nuestras manos decidir si votamos políticas que causan muertes o políticas que las evitan respetando los derechos humanos.

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Decía Bauman que "la humanidad está en crisis, y no hay otra salida a la crisis que la solidaridad humana". Pero no solo eso, también es una cuestión de hacer cumplir derechos. Derecho a la vida, derecho a solicitar protección internacional, derecho a hacerlo de forma legal y segura y derecho a ser rescatado cuando tu vida corre peligro. Son derechos que, hace no tanto tiempo, nos parecían incuestionables y que ahora se ponen en duda como consecuencia de unos discursos y unas políticas que buscan culpabilizar al diferente, al que huye de la guerra, de la represión o de la violencia económica , entre otros.

Este 28-A tenemos una responsabilidad colectiva. Me toca, te toca, nos toca decidir si optamos por políticas que matan personas o políticas basadas en la solidaridad y el derecho y, que por tanto, salvan vidas. Este domingo nuestro voto también se lee en clave de vida o muerte. Y tú, ¿qué eliges?

Miembro de Stop Mare Mortum