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Análisis

El secretario general de Podemos y candidato a la presidencia, Pablo Iglesias, en un acto en Pamplona

VILLAR LÓPEZ (EFE)

Sin entusiasmo en la izquierda

Esther Vivas

La competencia por el voto de derecha es más feroz, y esto tiene motivados a sus electores

A pesar del alto número de indecisos de cara a los comicios del 28-A, si en algo coinciden una parte de los llamados a las urnas, y en particular aquellos de izquierdas, es en el poco entusiasmo que despiertan estas elecciones. Una década después del estallido de la crisis económica, que dio lugar a una marea social indignada con la clase política, los vientos de cambio que entonces se anunciaron no han llegado.

Ahora, son las formaciones de derecha las que están en pugna ante la entrada en la esfera institucional de Vox, y los votantes de esta última son quienes están más motivados. La competencia por el voto de derechas es feroz, lo que radicaliza el discurso de Pablo Casado and Co., y está por ver si esto le beneficiará o por el contrario, ante el dilema de votar a la copia o al original, alentará el voto hacia Vox.

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Las encuestas tampoco son muy propicias para Albert Rivera, para quien los tiempos de la ambigüedad ideológica han pasado a la historia. ¿Cómo compaginar un discurso de centro-derecha en temas económicos y sociales y un discurso de extrema derecha en el terreno nacional? Ciudadanos choca con la dificultad de competir con PSOE y PP y Vox al mismo tiempo.

El miedo a la triple alianza de derechas es de las pocas cartas que tiene el PSOE para movilizar a su electorado. Todo apunta a que los socialistas se harán con la victoria el 28-A, pero que ganen no quiere decir que puedan conseguir la tan ansiada paz gubernamental. Un triunfo que, de darse, no será tanto por méritos propios sino por el fracaso de sus adversarios, empezando por Unidas Podemos, y por la fragmentación y radicalización de una derecha que habrá conseguido movilizar al electorado duro pero que dejará para el PSOE el espacio de centro. 

Y, ¿qué pasará con la formación de Pablo Iglesias? Sus resultados dependerán de la capacidad que tengan de mover a un votante desengañado, quizá con el miedo a la extrema derecha como principal acicate, y del rédito que puedan sacar del escandalo de las cloacas del Estado. El voto útil hacia el PSOE, y más después de una legislatura demasiado cerca de los socialistas, es su otra gran  amenaza. Sin la esperanza de cambio de 2015 y 2016, costará mucho más motivar a su base social.

En el frente independentista parece que las tesis pragmáticas de ERC se imponen. Y aunque Esquerra acostumbra a ganar en las encuestas y pinchar en las elecciones, tal vez ahora ha llegado la hora de la hegemonía republicana al frente del independentismo. Una situación que dejaría en muy mala posición a Carles Puigdemont y a los suyos, que se juegan mucho en estas urnas. Aunque tal vez a un sector posconvergente ya le iría bien para intentar sacarse la comandancia de Waterloo de encima.

A pesar de la volatilidad del escenario electoral, si algo parece claro es que el día después de las elecciones el mapa político seguirá igual de fragmentado, lo que dificultará la configuración de mayorías sólidas. Con lo que la gestión de la crisis catalana va para largo y la crisis política general seguirá abierta.