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ANÁLISIS

Luis Suárez intenta una rabona infructuosa ante la Real Sociedad.

JORDI COTRINA

Ganar en los días de pereza ambiental

Albert Guasch

Este fin de semana, la Liga desprende esa sensación que queda tras una noche de discoteca alargada cerca del altavoz. Los oídos aún retumban por el persistente zumbido de la Champions. Se parpadea con fuerza, se estira la mandíbula, se hace el gesto de Coutinho… Pero el chiflido europeo sigue ahí.  Fueron noches tan trepidantes… 

En Inglaterra, la Premier conserva el nervio de la igualdad, así que, desde las ganas de ajustar cuentas y acercarse al título del City; la palpitante ilusión del Liverpool por plantar cara, o la euforia desbordada del Tottenham, los equipos punteros encontraron de forma natural el estímulo competitivo. La Premier es mucha Premier.

El Barça de Valverde, en cambio, debió imponerse sobriedad, sacudir la pereza ambiental y obligarse a rendir pese a la ausencia de los focos más potentes y la conquista inevitable. Proponer una liga cerrada de una semana no parecía mala idea. No obstante, el Barça se asemejó al conductor que, a estas alturas, le entra ya la somnolencia al volante: se pellizcó, o se abofeteó, pero hasta que no tuvo un susto, el tanto de Juanmi, no se despejó. Hizo kilómetros con un juego muy plano.

El remate de Lenglet empezó a concretar una victoria que parecía inevitable desde los días previos. La contenida celebración del magnífico central francés a su primer gol en el Camp Nou no hizo más que apuntalar la impresión de fútbol resaca que se disputó en el templo barcelonista. Había que resolver con los menos ruidos posibles. 

Pero la Real Sociedad se negó a convertirse en la mosca incómoda que se espanta con un simple manotazo. Buen gol de Juanmi, aunque contrarrestado enseguida con el también buen gol de Alba. Hasta el final del partido, solo restó abrir un poco los ojos. 

Lo llamativo llegó con la entrada de Coutinho. Le recibieron unos pitidos, quizá no muchos, aun así tan necesarios como una lesión de isquiotibiales, que se oyeron lo suficiente como para convertirse en asunto para la escaleta de las próximas tertulias.

Lo insustancial

El lánguido Coutinho no necesita más golpes a su fragilidad ante los retos que vienen. Se espera de él que sienta una transfusión de motivación extra ante su retorno a Anfield. Quizá el estímulo que necesita para detonar de una vez los excepcionales atributos que atesora, como el disparo que precedió a la discutida celebración ante el United. La impaciencia general le ronda. Debería sentir que está ante su momento, como lo siente todo el equipo. Los días decisivos ya llegan y el fulgor de los títulos se vislumbran. Horas de no perderse en lo insustancial.