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Dos miradas

CAPERUCITA ROJA, ALERTA ANTIPEDOFILIA 3 Los Grimm añadieron el cazador salvador que saca a Caperucita de la panza del lobo. El cuento intentaba prevenir a los niños de la pedofilia y del peligro de los desconocidos.

DIVICA LANDROVÁ / TASCHEN

Todos los padres explican los cuentos como pueden y se las arreglan para tratar de educar y, no lo olvidemos, entretener

Mis hijos quizás todavía recuerdan los cuentos de la caperucita azul que les contaba cuando eran pequeños. El cambio del color del vestuario no respondía a ningún intento de eliminar la 'toxicidad' de la niña (de la "persona joven", que diría James Finn Garner) sino que solo cambiaba el color porque cambiaba el decorado. Caperucita azul era así (como el mar) porque navegaba hacia una isla donde vivía su abuela. El lobo era un tiburón.

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Con esto no quiero decir nada, o en todo caso quiero decir que todos los padres explican los cuentos como pueden y que se las arreglan para tratar de educar y entretener (no lo olvidemos: entretener) a sus hijos en noches de tormenta. También debió de pensar eso Heinrich Hoffmann, un romántico alemán (y psiquiatra, si es que se puede ser ambas cosas) que estaba harto de leer cuentos moralistas a su hijo de tres años y que decidió escribir unos cuantos con la nobilísima idea de educarlo y entretenerlo. Eso sí, sin miramientos. De aquí salieron las 'Historias muy divertidas y estampas aún más graciosas para niños de 3 a 6 años', un libro apasionante que después se conoció como 'Der Struwwelpeter', 'Pedro melenas'. Es un clásico universal y es el libro infantil más bestia que he leído nunca, con niños y niñas que sufren los horrores más indecibles en las circunstancias más terroríficas. Y ya está, así se entretenía (y aprendía) el hijo de Hoffmann y millones de niños de todo el mundo.