La cita del 28-A

El republicanismo catalán ante las elecciones españolas

Apostar por una reedición actualizada del esquema de la moción de censura abriría escenarios de diálogo

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El republicanismo catalán ante las elecciones españolas

LEONARD BEARD

Con las elecciones legislativas se abre un denso ciclo electoral que, tras el verano y conocida la sentencia del Tribunal Supremo, podría culminar con una convocatoria adelantada de elecciones al Parlament de Catalunya. Ante la situación de bloqueo que viven la política catalana y la española, esta concentración temporal de procesos electorales podría abrir escenarios menos inmovilistas. La clave está en la capacidad de interpretación de la situación que demuestren el PSOE y el independentismo catalán. Pero, ni unos ni otros lo tienen fácil. Los sectores más demócratas del reformismo español, encarnado por una parte del PSOE y de Unidos Podemos (UP), son conscientes de que el contencioso democrático con el soberanismo catalán solo puede tener una salida política. Pero el nacionalismo español hegemónico es radicalmente contrario a todo escenario de diálogo y negociación. De hecho, ante la ausencia de políticas que planteen vías de solución realistas a las diversas crisis que amenazan la cohesión de la sociedad española (territorial, social y política), la única receta del nacionalismo español es insistir en el anticatalanismo más primario, abriendo una competición que ha normalizado la extrema derecha representada por Vox.

Ante la presión ambiental construida por la derecha tricéfala y el grueso del sistema mediático y del 'deep state' radicado en Madrid, el eslabón débil del reformismo español es el PSOE. Una parte significativa de sus líderes históricos y de los llamados 'barones territoriales' son cautivos del imaginario nacionalista de la derecha española; y el partido en su conjunto es sensible al aliento del poderoso grupo de presión articulado alrededor del Ibex 35. Con este panorama, Pedro Sánchez ha optado por evitar la "cuestión catalana" y exhibir equidistancia entre Vox y el independentismo catalán. Esta equiparación de la extrema derecha española y el independentismo catalán repugna la memoria histórica y no facilita la apertura de escenarios que faciliten las vías de diálogo.

Una disyuntiva compleja

Sin embargo, el hecho es que como previsible ganador de las elecciones a Sánchez se le abren dos posibilidades: contentar a buena parte de sus barones y a la sensibilidad plutocrática del Ibex 35 gobernando en coalición con el partido de Rivera o reeditar la mayoría de la moción de censura que lo hizo presidente. La segunda opción es la de gestión más compleja, pero la primera significa hacer más grave la crisis territorial y renunciar a un estilo de gestión nítidamente progresista para hacer frente a la crisis social. Una disyuntiva compleja.

Afrontar situaciones
políticas complejas exige combinar frialdad analítica y cierto coraje

El independentismo catalán tampoco lo tiene fácil. Sin que ello respete estrictamente los espacios delimitados por las áreas de influencia de los partidos, se van fijando tres posiciones: la de los que consideran que no es necesario tener presencia en la política española o europea, la de los que consideran que hay que ir a Madrid para 'bloquear' la política estatal, y la de los que consideran que hay que condicionar la investidura de Sánchez a la aceptación previa del referéndum de autodeterminación.

La primera opción parece ignorar que la estrategia del soberanismo catalán necesita desplegarse simultáneamente en los ámbitos catalán, español e internacional. La segunda opción es ilusoria: el soberanismo catalán no puede 'bloquear' una salida política como la que supondría un pacto entre el PSOE y Ciudadanos. Finalmente, condicionar la investidura de Sánchez a la aceptación previa del referéndum tampoco parece demasiado realista. Ni eso, ni dar por hecho el pacto entre Sánchez y Rivera. Una cosa es presentar este pacto como algo perfectamente probable, y otra bien distinta afirmar que ya está hecho.

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Afrontar situaciones políticas complejas exige combinar frialdad analítica y cierto coraje. Sin audacia y un diagnóstico ajustado de la realidad no se puede tener el control de la iniciativa política. Y parece obvio que el independentismo catalán necesita recuperar la iniciativa para abrir escenarios de diálogo y negociación. Haciendo una lectura atenta a la evolución de los hechos y moviendo las piezas con sentido estratégico. Desde esta perspectiva, la estrategia del republicanismo catalán tendría que pasar para reforzar las mayorías electorales democráticas, garantizar la buena gobernación (de los municipios a la Generalitat) e insistir en la lucha antirrepresiva y la internacionalización del pleito democrático. ¿Primer paso? Hacer difícil el pacto entre Sánchez y Rivera y apostar por una reedición actualizada del esquema de la moción de censura de la primavera del 2018. Ahora mismo, todo depende de quién gane el relato del voto útil en Catalunya.