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análisis

Ernesto Valverde y Quique Setién se saludan antes del partido.

EFE / RAÚL CARO

Setién, Pep y Valverde

Antonio Bigatà

El Betis-Barça del 1-4 fue 'más que un partido', la confrontación entre dos sistemas de juego que derivan de una misma doctrina

La franja mediática catalana nostálgica del guardiolismo que necesita apuntillar cada semana el tipo de juego que va proponiendo Ernesto Valverde lo pasó mal hace unos días en el terreno del Betis. Más allá de la gloria de Messi, que marcó uno de esos goles que los jóvenes y la gente de mediana edad recordarán con los ojos húmedos cuando sean venerables abuelos, y de la tarea de buscar -y conseguir- los tres puntos que despejan al Barça el campeonato, esa tarde hubo otro pulso.

Allí se disputó subterráneamente otro 'Más que un partido': la confrontación entre dos sistemas de juego que derivan de una misma doctrina, y el cara a cara sin red de dos entrenadores empujados a forcejear en defensa de sus libros de estilo. ¿Por qué? Porque aquella franja mediática que semanalmente peca contra 'San Valverde' y sus dificilísimos milagros ha convertido -con tozuda insistencia- al preparador del Betis, Quique Setién, en su referencia moderna. del cruyfismo tal como lo revisitó Pep Guardiola cuando entrenó al Barça. Y batallan dialécticamente diciendo que es él quien debería -¡qué gran tiempo verbal!- entrenar al Barça si el club no estuviese dirigido por un presidente 'light' (esa es su opinión sobre Josep M. Bartomeu) y por una junta que consideran muy poco portadora de valores eternos.

La figura de Guardiola, durante una rueda de prensa / LEE SMITH (REUTERS) 

Ignoro si el ninguneado Valverde pensaba en eso cuando preparó estelarmente el encuentro de Sevilla. Desde la primera vuelta los setienistas de la prensa catalana le pasan por la cara lo bien que lo hizo el Betis en el Camp Nou y el mucho gusto que ellos sintieron. Aquella tarde el Betis ganó gracias a una desgraciada actuación de los laterales barcelonistas -especialmente Sergi Roberto- que acabaron arrastrando a un mar de inseguridad a todo al equipo.

Pero el domingo pasado el técnico vasco le hizo un traje táctico anticruyfista  a medida a Quique Setién. Le jugó al contragolpe, consiguió una defensa muy compacta que en realidad dirigió todo el juego desde atrás, apalancada en torno a Arthur. Valverde jugó magníficamente sus cartas aprovechando que: Piqué está a nivel de mejor central del mundo y Lenglet se ha vuelto indesbordable; junto a ellos Arturo Vidal (que después de Messi fue el mejor del partido, algo que habría desconcertado a Johan) destrozó de raiz todo lo que intentaban iniciar los béticos y encima se elevó a la categoría de principal ayudante del astro argentino en los desdoblamientos. En resumen, las dos armas del 'Txingurri' contra la posesión 'made in Barça' del Betis y sus sueños de 'tiki-taka' andaluz fueron la movilidad incesante y la intensidad. No hubo color: como diría un forofo del Sevilla, el Barça se tiró al Betis.

La horizontalidad excesiva

Ante todo eso los verdiblancos pusieron muy buena voluntad, gotitas de calidad técnica, empeño por poseer y jugar bien el balón, pero estuvo prisionero de la excesiva horizontalidad que suele acompañar a los equipos de Setién. Fue, por decirlo de alguna manera, como el Barça guardiolista de las peores tardes, los de Valverde les superaron siempre en imaginación, fuerza y trabajo. O por decirlo mejor, y que me perdone Setién, estuvo como el Barça triunfal cuando empezó a estar pasado de forma. Les tuvieron siempre alegres pero domados. En realidad el único peligro que corrió Valverde fue de exceso de información: le enseñó a Setién -pero  también a los demás técnicos que estudien el partido- como hay que jugar contra el estilo tradicional del Barça.

No sé cómo le acabará yendo al Betis y a Quique Setién. Me dicen que en las gradas del Villamarín lo de ahora gusta pero no acaba de convencer y de vez en cuando ya hay pañoladas. Hay nostalgia del preciosismo más anárquico de algunas individualidades históricas del club como Luis del Sol, Rogelio (fallecido por cierto esta semana), Cardeñosa, Finidi, Quino... De ese estilo solo les queda Joaquín. En lo que respecta a Setién, creo que está en un equipo de su verdadero nivel, y que le dure. Pero con él los seguidores demasiadas veces tienen que aferrarse como consuelo a aquello tan entrañable pero peligroso del 'Viva er Betis manque pierda', bonito pero de mal sabor de boca.