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EDITORIAL

Un absurdo empecinamiento

La política de gestos de Torra en torno a los lazos en las instituciones ni ayuda a los presos ni favorece la convivencia

Un absurdo empecinamiento

RICARD CUGAT

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, está llevando hasta el límite su negativa a retirar los lazos amarillos de los edificios oficiales como le exige la Junta Electoral Central en relación a la necesidad de mantener la neutralidad institucional durante la campaña del 28-A. Torra sigue anclado en una política de gestos que le puede conducir a una imputación por desobediencia, dejando como única vía de escape la de delegar sus responsabilidades en el Síndic de Greuges, Rafael Ribó, que está para otras cosas y que presumiblemente tomará una decisión salomónica que no necesariamente puede evitar esa desobediencia. Parece que en algunos momentos Torra busque esa imputación y, más que tener un plan que no se detiene ante nada, da la sensación de que su plan es buscar dónde y cuándo puede chocar con el Estado. Si alguien piensa que a base de mártires van a convencer a nadie en Catalunya, en España o en la Unión Europea para tratar de este conflicto es que vive en una realidad ciertamente paralela.

Aparte de peligroso, este empecinamiento es absurdo e incluso contraproducente para las ideas que Torra pretende defender. En primer lugar, porque no es nada empático hacia los catalanes que no desean la independencia de Catalunya, que se sienten nuevamente agredidos desde las propias instituciones. En segundo lugar, porque contradice los valores republicanos de los que Torra se pretende hacer portador al amparar una trampa como es la de la utilización de las instituciones para tomar ventaja partidista. En tercer lugar, porque si lo que pretende es mostrar su solidaridad con los presos, a nadie le quedan dudas al respecto y más parece que los esté utilizando para ganar las elecciones. Y en último lugar, porque va abrir en las próximas horas una nueva fuente de fricción en en seno de su Gobierno puesto que es de sobra conocido que ni Esquerra ni una parte del PDECat están dispuestos a jugársela por nada que no sea lo que consideran esencial a largo plazo para el proyecto secesionista.

Pero para alguien tan poco dado y al diálogo, el entendimiento y el compromiso con cualquier realidad externa a su burbuja republicana, todos estos argumentos no sirven para nada. Toda su actuación se resume en gestos, gestos y más gestos que ni ayudan a la convivencia ni ayudan a los presos. Un empecinamiento tan absurdo como inútil.