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Al contrataque

Quim Torra y Artur Mas, en la manifestación independentista de Madrid.

JOSÉ LUIS ROCA

"Man in the mirror"

Carles Francino

Igual la solución la tenemos en sembrar de espejos la política española y catalana para que nadie escape a su reflejo. Torra, por ejemplo, si en su imagen como 'president' no detecta ninguna anomalía, es carne de oculista

Acceder en coche al centro de Madrid por Atocha y el paseo del Prado, y llegar a Neptuno y Cibeles mientras flameaban esteladas a diestro y siniestro es una imagen que no olvidaré fácilmente. A las nueve la manifestación ya había terminado, claro, pero decenas de miles de personas no se disuelven como un azucarillo; igual que dos millones de independentistas no pueden ser eliminados del dibujo con una goma de borrar. Por mucho que incordien. Así que la otra noche se podían contemplar escenas muy curiosas, seguramente inimaginables hace apenas unos meses. Quiero creer que el viento de la intolerancia ha aflojado un poco. Cerca del Museo del Prado, separadas por apenas 200 metros, una terraza frente al jardín botánico atendía a sus clientes con una bandera española en la entrada; mientras, un poco más arriba, cuatro independentistas se desparramaban en las sillas de otra para reponer fuerzas antes de volver al autocar. Carretera y manta. Y no se hundió el mundo.

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Fueron más ruidosas y faltonas algunas declaraciones de líderes de la 'neotriderecha' que la temperatura en la calle. Que si “ofensa”, que si “insulto”, que si “golpistas”... nada nuevo bajo el sol. Cara al sol con la retórica inflamada. Y una advertencia -la de Javier Maroto en Twitter- entre rancia y siniestra: “Con Pablo Casado esto no volverá a suceder NUNCA”. O sea, dando la razón a quienes detectan en el corazón de España tics de otros tiempos; porque el derecho a la manifestación y a expresarse libremente en la calle aparece en esa Constitución que los patriotas de hojalata y reconquista aseguran defender a capa y espada. Entretanto en el bando opuesto, el de los irredentos de la otra patria,  Quim Torra invocó el espíritu de Joan Maragall y su 'Oda a España' de hace 120 años al grito de: “Escucha, España, este grito de libertad, estos gritos de independencia. Aprovecha esta ocasión y mira en qué has fallado”. O sea, más de lo mismo también: la culpa es de los otros y a mí que me registren. Más se perdió en Cuba. Colón y Cibeles separadas por un abismo; pero con calles que las conectan y por donde también circula mucha gente.

Y en esas, inopinadamente, me acordé de Michael Jackson. ¡¡¡¡?????... Puedo imaginar la sorpresa del paciente lector –o lectora- que haya llegado hasta aquí,  porque además el rey del pop no atraviesa su mejor momento en cuanto a reputación se refiere. Pero tiene una canción de 1987, titulada 'Man in the mirror' donde dice: “Si quieres que el mundo sea un lugar mejor, échale un vistazo al hombre del espejo y haz un cambio”. Igual la solución la tenemos ahí: en sembrar de espejos la política española y catalana para que nadie pueda escapar a su propio reflejo. Torra, por ejemplo, si en su imagen como 'president' de todos los catalanes no detecta ninguna anomalía, ninguna imperfección, creo que es carne de oculista. O de psiquiatra. O algo peor.