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Juicio del 'procés'

El ’major’ de los Mossos Josep Lluís Trapero, que declaró este jueves en el juicio del ’procés’, en una imagen de archivo.

JOSÉ LUIS ROCA

Llegó Trapero y mandó parar

Andreu Claret

Como en la canción de Carlos Puebla, llegó el comandante y mandó a parar. Hasta que intervino Trapero, el juicio parecía una obra ensayada en la que cada cual jugaba un papel más político o más jurídico, según las estrategias de cada defensa. El Mayor ha roto este esquema. Ha sido a la vez el más jurídico y el más político de todos los testigos. Sus palabras han desactivado el delito de rebelión, y han  cargado de responsabilidad política a Puigdemont por todo lo ocurrido. Al aportar datos que excluyen a los Mossos de toda conspiración constituyen un alegato eficacísimo contra las penas mayores, y al relatar su advertencia de lo que se nos venia encima con un referéndum ilegal, ha salvado el cuerpo y dejado en evidencia al gobierno catalán.

Los independentistas han celebrado la primera parte de su intervención de manera recargada, para superar el pasmo que supuso para muchos su acusación de irresponsabilidad. Una sorpresa mayúscula para quien venia siendo jaleado como el 'TrapHero' en las redes del 'Procés'. De hecho, el testimonio del Mayor ha puesto de los nervios a muchos. A quienes le han caricaturizado como el zorro puesto a guardar el gallinero y a quienes han soñado con que pondría el cuerpo de los Mossos al servicio de la causa independentista. Se equivocan todos. Trapero no ha sido nunca un hombre sometido a Puigdemont, ni un oficial dócil dispuesto a enfrentar a los Mossos a la avalancha de gente que acudió a los colegios electorales el 1 de octubre. Ni una cosa ni la otra (¡por suerte!).

Por lo que pudimos escuchar en el Supremo, es de los pocos que tiene el estado en la cabeza. De ahí que defendiera su condición de servidor público con la sutileza de quién se debía a la vez a su 'conseller' y al poder judicial. De él hemos aprendido que Forn fue 'un punto irresponsable’. Que Pérez de los Cobos se comportó como un elefante en una cacharrería. Que avisó a Puigdemont del desastre que suponía saltarse la ley desde las instituciones. Y que advirtió a los otros cuerpos policiales que pretender parar a dos millones de personas con unos pocos miles de efectivos era absurdo. Insensato, como todo lo que ideó el gobierno de Rajoy. No sé si sus ajustadas palabras servirán para diluir las acusaciones más gruesas formuladas por Llarena. En todo caso, son determinantes para juzgar la dimensión política del 'procés'. Sobre todo esta idea de que no había marcha atrás porqué ‘el pueblo’ nunca lo hubiera aceptado. Populismo en estado puro. Todo lo contrario de su visión de Estado, la que le llevó incluso a contemplar la posibilidad de detener a Puigdemont si se lo ordenaban. Para algunos su imagen quedó tocada por la desdichada foto de una paella en Cadaqués. Para otros, no es más que un poli que mantenía el orden en una Catalunya que no necesita de polis como él porque ya tiene quien asegura el cumplimiento de la ley desde la calle. Ni una cosa ni la otra. Es el hombre que mantuvo el temple y mandó a parar. Así fue como salvó el cuerpo de los Mossos en circunstancias dificilísimas, evitando sin duda males aún mayores.