19 feb 2020

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Tras el 8-M

Puede que ahora sí

Puede que ahora sí

Isabel Sucunza

Es positivo que algunos hombres empiecen a ponerse en nuestra piel, pero tampoco es necesario que lo expliquen como una heroicidad

Los días antes del pasado 8 de marzo escuchaba y leía a bastantes hombres que preguntaban si ellos también podían hacer huelga y si la manifestación era exclusivamente para mujeres o si ellos también podrían participar.

Últimamente también empieza a ser habitual ver hombres que hacen callar a otros hombres cuando estos últimos sueltan en Twitter una explicación torpe sobre cómo deberíamos entender el feminismo, o que se ponen a definir qué es alguna cosa exclusivamente femenina de la que ellos solo pueden hablar de oídas, o que se lanzan a corregir un razonamiento que haya hecho alguna mujer sobre algún tema que ella hace años que estudia y del que ellos solo saben las cuatro cosas que hayan podido leer en la prensa.

No son pocos los hombres que últimamente han sido abroncados por atribuirse méritos pasando por encima de alguna mujer que exponía los suyos o por presentarse como un héroe (qué patético el cartel anunciador del regreso al trabajo de aquel político que acababa su baja paternal) por haber pasado simplemente una vez en su vida por una cosa por la que muchas mujeres pasan, sin que nadie se lo reconozca, además, una y dos y tres e incluso más veces a lo largo de su vida fértil.

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Pensaba en cuántas veces las mujeres hemos dejado de hacer cosas simplemente porque eran cosas de hombres, sin insistir en hacerlas, sin preguntar si era o no correcto que las hiciéramos porque ya asumíamos que no lo eran. No hablo de ir a la huelga, que es una cosa que hasta hace no tanto nos era imposible porque trabajar fuera de casa en algo que no fueran servicios o atender a otras personas –que suelen ser los trabajos en los que más problemático es hacer un parón- nos estaba vetado de entrada.

Pensaba también en cómo, ahora que por fin parece que algunos empiezan a ponerse en nuestra piel, ahora que ellos también se cogen la baja maternal, por ejemplo, de repente resulta que aquello que nosotras hacíamos es una heroicidad. Pues nosotras no lo veíamos así. Todo eso que hacemos las mujeres que ahora parece que descubren los hombres, durante mucho tiempo ha sido nuestra normalidad impuesta por la sociedad y aceptada, también es verdad, por nosotras mismas. Pensadlo: pedir permiso, dejar que nos expliquen cosas que nosotras conocemos mejor, retirarnos del trabajo para ocuparnos de casas e hijos compartidos para retomar el trabajo después y seguir rindiendo al mismo nivel, como si nada hubiera pasado…

La parte buena es que, viendo todo esto que estamos viendo últimamente, pienso también que ya hemos conseguido una cosa. Que cada hombre que estos días, de un modo u otro, nos ha pedido permiso para salir a la calle a hacer algo socialmente relevante, cada uno que se ha visto silenciado, todos los que se han quedado en casa a cuidar de los críos renunciando a su trabajo... Todos ellos por un momento han experimentado eso que nosotras llevamos viviendo desde hace muchísimo tiempo. Y que puede (llamadme optimista) que ahora que por fin han visto que hacíamos alguna cosa más además de estar a su lado, pedir permiso y callar, es el momento en que las cosas por fin acabarán de cambiar.