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análisis

Cruyff, con la camiseta del Ajax en un homenaje con el Barça en Amsterdam, en 1999.

El 14 de Johan Cruyff, el cero de Florentino Pérez

Iosu de la Torre

Un 1-4 es un 14 y el 14 (casi) siempre fue Cruyff. La numerología regresó a los altares en el tercer año sin el profeta para mostrar la inmensidad del legado que brindó al planeta. Con una manita de goles quizá se hubiera trastocado la carambola cabalística. Un 1-5 es un 15, un 14+1, qué más da.

El caso es que, la noche del 5 de marzo, la del apocalipsis blanco, la del tridente de derrotas, no hubo 'culé' que no se acordase del holandés. Como si el Ajax de Ten Hag fuese el Barça de Valverde. Les une, siempre, el rival triturado (el Real Madrid) y, a veces, el código genético (el fútbol de Cruyff). El estilo, con sus muchos riesgos defensivos, pervive en el club de Amsterdam y está bastante desenfocado en el de Barcelona. El de aquí es otro, más efectivo, menos hermoso.

Después de la catástrofe blanca, el Barça tiene que seguir adelante en la Champions pese al Olympique de Lyon. La satisfacción azulgrana de estas horas antimadridistas será ridícula si el miércoles próximo no se supera la eliminatoria.

Florentino, Zidane, Cristiano

Del cielo azulgrana-cruyffista al infierno madridista. La hecatombe es el fin de un modelo. El resultado de una malísima gestión de Florentino Pérez, el que lo podía todo sin ponerse un chándal, el que controlaba todo (hasta que llegó el VAR), el que desterró a los ultras del estadio y vistió la grada de blanco nuclear.

El presidente de las trece Champions, desconcertado por la marcha de Zidane y prepotente con la de Cristiano Ronaldo, se equivocó de estrategia. No supo escuchar el consejo del francés en el adiós sobre la necesidad de renovar a fondo el equipo. También fue incapaz para fichar a un jugador que disimulase la zona cero dejada por el portugués. En cambio, se gastó un buen pellizco en un portero (Courtois) sin importarle que el entonces titular (Navas) ya había levantado tres veces la Champions. La contratación, nocturna y alevosa, de Lopetegui, en las puertas del Mundial en que tanto fracasó la selección de España, transmutó en maldición. Solari, los fichajes irrelevantes (Mariano, Odriozola, Ceballos) tuvieron el mismo efecto que un remate a la quinta gradería.

El día después de la hazaña del Ajax en el Bernabéu, Josep Maria Bartomeu no quiso hablar del rival. Tras la sonrisa del presidente del Barça, la satisfacción por fichar a De Jong antes de que enloqueciera el mercado a la caza de los herederos de Johan Cruyff.