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ANÁLISIS

Arturo Vidal celebra un triunfo del Barça esta temporada. 

AFP / ÓSCAR DEL POZO

¿Arthur o Arturo? (bis)

Jordi Puntí

Con la venia de la excelentísima sala, me atrevo a repetir un título que ya utilicé a principios de esta temporada. El partido del sábado frente al Real Madrid nos confirmó una vez más que este es el dilema que mejor resume al Barça de este año, y además ofreció una solución convincente a la ecuación de Valverde.

A la pregunta de si Arthur Arturo (Vidal), la respuesta tiene que ser Arthur durante 70 minutos y Arturo (Vidal) los 20 restantes, para alicatar el juego del equipo y además eliminar cualquier intento creativo del rival, estilo Liam Neeson. Es muy probable que el chileno cualificara mi reparto de minutos con el emoticono rojo de enfado, o incluso con el que vomita de color verde, pero me temo que esta tiene que ser la proporción acorde a la tradición del juego blaugrana, o como mínimo la que muchos estamos dispuestos a aceptar para defender un resultado.

El juvenil y el veterano

Desde que llegó como entrenador al Barça, Valverde ha planteado un equilibrio entre arte y oficio que me recuerda a ese verso del poeta J. V. Foix: “Me exalta lo nuevo y me enamora lo viejo”. Palabras sabias que dentro de los cauces del futbol podrían convertirse en: “Me exalta el juvenil y me enamora el veterano”. Lo vimos con Paulinho el año pasado y lo vemos ahora con Arturo (Vidal), y quizá la gran suerte de Valverde es que Rakitic y Busquets tienen de todo: conservan el talento creativo y le suman la experiencia de haberlo ganado títulos.

Bale derriba a Arthur en el clásico de la Liga del sábado. / Andrea comas (AP)

Hoy en día, Valverde parece tener claro que Arthur encarna el ideal platónico del futbol con el que nos han educado el gusto, y Arturo (Vidal) es su versión aristotélica (“para salvar la verdad es preciso sacrificar nuestras preferencias”). Con la llegada de De Jong en junio, y la probable subida al primer equipo de Riqui Puig, a menudo parece que esta sea una temporada de transición, sobre todo en cuanto al sistema de juego, pero luego los resultados se empeñan en desmentirlo y apuntan --a menos de tres meses de todas las finales-- a una campaña de registros extraordinarios. De hecho, ganar dos veces en el Bernabéu en un lapso de cuatro días ya es de por sí una gesta memorable, y así lo demostraba la alegría de los jugadores blaugranas al final del partido: titulares y reservas por igual.

A una derrota de la crisis más grave

Otro signo de que esta puede ser una temporada importante, aunque de transición, es el efecto némesis: de toda la vida, cuando el Real Madrid baja, el Barça sube, y al revés, y ahora mismo los blanco quizás estén a una derrota de la crisis más grave de su historia. En este sentido, incluso puede decirse que una de las virtudes del Barça en el Bernabéu fue la largueza, la generosidad típica de los señores medievales en la semana de Carnaval.

Fíjense: Valverde dejó de vestir esa levita de solapas negras, dickensiana, que llevaba frente al Athletic Club, y apareció en el Bernabéu medio descamisado y con la corbata suelta. Como salido de El club de los poetas muertos, vio a su equipo jugar con decisión y estilo en la primera parte, pero luego pareció no querer abusar de un rival en horas bajas. También este gesto debería contar, pero que nadie lo dude: Messi quiere ese sexto Balón de Oro que le escatimaron el año pasado.