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Mahersala Ali y Viggo Mortensen, en Green book

El año que aprendimos a odiar las películas

Desirée De Fez

2019, el año que odiamos las películas por encima de nuestras posibilidades. Sé que llego tarde a lo de los Oscar: ¡ya hay artículos sobre los del año que viene! Pero no podía dejar escapar algo que estos días me ha llamado la atención y, sinceramente, me ha puesto de mal humor. Es el insólito desprecio con el que se ha hablado y escrito sobre las películas de esta edición, en especial sobre las que han ganado. No me refiero ni a las quejas ni a las peleas en Twitter; ni siquiera a los espumarajos que con tanta facilidad y soltura se echan últimamente ahí y a los que, me temo, nos hemos vuelto medio inmunes.

Algunos de los filmes premiados en los Oscar han dejado de ser discretos para convertirse en las peores películas de la historia

Hablo de algo (quiero creer) menos residual. Lo que me inquieta es la cantidad de artículos (también de análisis en radio y televisión) que han salido estos días despedazando las películas ganadoras, entre ellas 'Green book', que se llevó el premio gordo y debe estar a punto de pedir perdón por su existencia. Es innegable que en el fondo de todo esto hay algo interesante. El desconcierto general ante un cambio de contexto, no solo audiovisual, que ha arrasado con todo y que estos Oscar han reflejado tan bien (ha sido la gala más pocha, pero también un disparador muy potente de temas, dudas y debates) nos ha llevado a buscar respuestas en las películas. Eso está bien. En busca de esas respuestas, hemos aparcado los análisis uniformes y perezosos para ver las películas desde otras perspectivas.

Estoy convencida de que hace cinco años la conversación sobre 'Roma' no habría sido ni la mitad de plural y de enriquecedora de lo que ha sido. El problema es que ese desconcierto también ha traído consigo un enfado que hemos proyectado sin piedad en las películas. Vuelvo a los Oscar. Algunos de los filmes premiados han dejado de ser discretos para convertirse en las peores películas de la historia (del mismo modo que las que estaban medio bien y se han ido de vacío son ahora obras maestras). No sé, hay algo muy perturbador en descargar contra las películas el berrinche y la rabia por situaciones y decisiones que las trascienden y/o, por paradójico que parezca, a veces poco tienen que ver con ellas.