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Juan de Pablos (derecha), con Miguel Ángel Julián, cantante de Cool Jerks, grupo madrileño de soul que entusiasmó al locutor a principios de los 90.

CARLOS MONTAÑES

La primera flor de pasión

Miqui Otero

Hay algunas cosas que se viven todas las veces como la primera vez. Especialmente la última. 

Esta semana, y después de décadas, llegaba el final de 'Flor de pasión', ese programa de radio que era mucho más que eso: refugio antiaéreo, jukebox de ansiolíticas golosinas musicales y, según Almodóvar en una entrevista ochentera, "eso que escuchas para que te recuerde que en el mundo todavía hay sentimientos". Escuchar por última vez el arranque orquestal de su sintonía, 'Attends ou va-te'n', es recordar la primera.

La primera, cuando no lo buscaste pero lo encontraste a los ocho años trasteando en el dial de esa radio Sanyo porque te gustaba el ruidito. "Mira, mi abuelo sin acento gallego", pensabas. Todos los locutores de Radio 3 eran como abuelos emigrados que te recomendaban canciones. Juan de Pablos, de Cáceres, era tu abuelo favorito. Ponía pop en idiomas desconocidos y te encantaban las italianas. Tu padre, maestro de escuela, tenía un alumno de la familia de Discos Castelló y, por Navidad, su padre os invitaba a elegir un par de discos de regalo. Pronto tu padre haría gimnasia sueca los domingos por la mañana mientras sonaban a todo trapo baladas con "sapore di sale". Gracias, Juan de Pablos.

Juan de Pablos es el abuelo que te enseña a intentar sonreír cuando estás triste y a buscar lo bonito en un mundo poco fotogénico

Luego en la adolescencia, te sentabas como un indio delante de la minicadena Aiwa enarbolando tu pulgar, con el que pulsabas la tecla roja (Rec) para atrapar canciones en casetes: todas las que pinchaba el abuelo que suspiraba decían todo lo que tú no te atrevías a decir y que luego regalabas. The Left Banke y Al Green y las Shangri-las. Así que mediante esas canciones hablabas de que siete días eran demasiados sin ti, que si conocerte es quererte, que si no me gustas pero te quiero, todo eso. Y más adelante las ponías en el Xantia de tus padres, con la chica de tu vida, buscando el verano todo el año, toda la vida, tarareando "Cerco l'estate tutto l'anno / e all'improvviso eccole qua". 'Grazie di tutto', Juan de Pablos.

Años después. Finales de agosto del 2014 y sales a la puerta de esa casa en la aldea de los padres de esa misma novia para que el móvil te permita escuchar a tu abuelo que suspira desde la app de su emisora. En el minuto 24, justo después de poner 'I can't help forgiving you', de The SearchersJuan de Pablos rompe a llorar. "Es que estas canciones, estas canciones", farfulla, muy emocionado. A ti te dan ganas de hacer lo mismo, pero dicen que uno madura cuando ante eso piensa: alguien tiene que hacerse el fuerte. Así que te muerdes el labio y piensas: 'merci', Juan de Pablos.

Este martes, esperas hasta la una de la madrugada porque es el último programa. Sintonizas Radio 3 en el pequeño transistor Philips con la antena rota. Tu hijo ya duerme, aunque te habría gustado que lo escuchara también: ver el Barça, escuchar 'Flor de pasión', comer fresas con nata juntos, hablar con las zebras, atracar un banco, pensabas cuando lo tuviste hace año y pico. En el noticiero previo hablan de que ha saltado por los aires el pacto de las pensiones. Hoy se jubila tu abuelo que suspira, el que te enseña que no ser tóxico pasa por intentar sonreír cuando estás triste y en buscar lo bonito en un mundo muy poco fotogénico. Que ser un buen tipo consiste en que a veces te estalle el corazón y también en suspirar cuando algo te parece la hostia de bello. Que ser cursi, como me ha pasado con esta columna, no es grave. Esperas, pero no aparece él, sino su sustituta. Pincha la canción del martillo de Rita Pavone, esa favorita de Esther. Cuanto más largas son las despedidas, más sabemos que las cosas vuelven. Cuanto más te recreas en ellas, menos te importan. Así que apagas la radio antes del final y susurras: "Forza, saluti a tutti, bacioni, auguri, in bocca al lupo, arrivederci e a presto pino!". Te estás despidiendo de él, pero también de ti mismo en cada una de esas fases de tu vida y de cada una de las radios que te permitieron sintonizar con esa flor de pasión.

Quedan 1.600 horas de Juan de Pablos en internet. Podcasts para años y años. La gente especial, como las radios, sabe sintonizar con el idioma del país y de la época donde se vuelven a encender. Las compras en Alemania pero aquí hablan castellano o catalán. Te las regalan en 1987 pero sabrán darte las noticias del 2019. Más metáforas: igual la estrella se apaga ahora, pero dará luz muchos años. Más: no se marchitará esa flor de pasión mientras existan esas grabaciones de Juan de Pablos y alguien que las escuche. Un cronopio es una flor, dos son un jardín, etcétera. Así que nunca, pero nunca nunca, se marchitará esa flor de pasión.