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Análisis

Nicolás Maduro, este domingo, en un ejercio con militares.

REUTERS

De desdemocracia y cohabitación

Isabel Galí

El aval internacional a Guaidó ha supuesto un verdadero globo de oxígeno para muchos venezolanos descontentos con el Gobierno y un 'shock' para los fieles al chavismo

Cientos de miles de venezolanos están dispuestos a desobedecer y desafiar al Gobierno de Nicolás Maduro, al que ya no consideran suyo. Han puesto sus esperanzas en el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. Un diputado de solo 35 años, desconocido hasta hace poco, que ya ha demostrado que llevará su desobediencia hasta el final y al coste que sea.

De los costes que pagan cada día los venezolanos es de lo que va esto. La hiperinflación ha rebajado la calidad de vida a niveles de hace décadas. El éxodo ya supera los tres millones de personas. La reducción de la actividad económica productiva, incluso la extractiva, ha dejado el país sin las divisas que le han permitido funcionar desde que descubrió el petróleo. "Más que una transformación socialista, la economía venezolana vivió una masiva transferencia de renta hacia el capital importador y hacia una casta burocráticomilitar que vive a costa de las arcas públicas mediante la sobrevaluación del bolívar y las importaciones fraudulentas para captar divisas a precios preferenciales". Este es el balance de los sucesivos gobiernos chavistas que hace Manuel Sutherland, economista que se define como crítico del capitalismo desde el marxismo.

En las manifestaciones a favor de Guaidó están los venezolanos opositores, pero también muchos chavistas decepcionados. Es una reacción al mal gobierno.

Estrategia polémica en las presidenciales

El choque de legitimidades que esgrimen tanto los defensores de Maduro como los de Guaidó es confuso y poco edificante. La oposición considera que las elecciones que ganó Maduro no son legítimas porque no fueron organizadas con criterios de transparencia. De hecho, la oposición las boicoteó. O sea, perdió toda opción de monitorearlas. Y crucifica a José Luis Rodríguez Zapatero porque, según ellos, se puso del lado del chavismo como mediador. El argumento oficial para no presentar candidato a las presidenciales de mayo por falta de confianza en el Consejo Nacional Electoral (CNE) es comprensible. Pero, ¿no hubiera sido aquella su gran oportunidad, si Maduro tenía una popularidad de solo el 27%?
 
Al final de este choque, unos dicen que están avalados por los 7.726.000 votos que la oposición sacó en las legislativas de diciembre del 2015; Maduro, por los 6.245.000 votos favorables que sacó en mayo.
 

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Sea lo que sea, la estrategia opositora de ir a buscar apoyos internacionales ha sido un éxito. Porque la avalancha de reconocimientos ha supuesto un verdadero globo de oxígeno para muchos venezolanos descontentos con el Gobierno; también un shock para los fieles al chavismo. El reconocimiento más sorprendente, el de Canadá, junto a Estados Unidos sin fisuras. Y si nada cambia, si Maduro no acepta convocar elecciones, vendrá la de la Unión Europea en bloque.
 
La estrategia del Congreso brasileño para echar a Dilma Rouseff el verano del 2016 nos hizo pensar a todos sobre la desdemocracia de la democracia. Venezuela, toda ella, -unos y otros- obliga a pensar en la difícil práctica de la tolerancia y la cohabitación ideológica.