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ANÁLISIS

Ousmane Démbelé, en una acción del partido ante el Eibar 

ALBERT GEA (REUTERS)

¿Qué hubiera hecho Solari con Dembelé?

Sònia Gelmà

El contraste de la gestión de Valverde con el delantero francés es absoluto respecto a la del técnico madridista e Isco

Imaginen que Isco tuviera pocos apoyos en el vestuario, por lo visto no tiene muchos. Imaginen que a la directiva no le importara venderle. Que hubiera llegado tarde a varios entrenamientos e incluso que no se hubiera presentado a alguno. Que tras perder la titularidad su actitud al ser llamado para entrar al campo fuera de una parsimonia desesperante. Y aún más, que una vez dentro del terreno de juego su comportamiento fuera de desidia. Entienden su ostracismo, ¿verdad? Pues ahora cambien el nombre del protagonista porque el autor de lo descrito anteriormente es Démbelé. Y su entrenador ha conseguido no solo mantenerlo en el grupo, sino tenerlo suficientemente implicado como para que su rendimiento pase por encima del del teórico titular.

Lo que ahora parece una locura, que el Barça se plantee traspasar al delantero en este mercado de invierno, fue una realidad durante aquellas semanas convulsas de noviembre en las que Valverde fue el único capaz de mantener la calma y relativizar la situación. Nadie le hubiera juzgado si simplemente hubiera dimitido, lo hubiera ignorado. Pero Valverde sabía que el talento apartado no le servía para nada, solo les hacía peor plantilla.

De la misma manera que tampoco le es útil el talento deprimido, y por eso, ante el Eibar, premió el mal partido en Copa de Coutinho con una titularidad para redimirse. Valverde es consciente del valor de ambos jugadores, y prefiere no devaluarlos mientras sean activos del club, lo contrario sería una irresponsabilidad.

La interinidad del técnico

El contraste respecto a la gestión de Solari con Isco es evidente. Es cierto que a nadie de la directiva blanca parece importarle en exceso, pero algo imperdonable debe haber hecho el malagueño para justificar el indisimulado menosprecio de su entrenador. Algo que, de tan grave, ya deberíamos saber para poder comprender que el caso es irreconducible. Porque obviamente cuando Solari elige a cualquier jugador, incluso del Castilla, antes que a Isco --uno de los ocho nominados al Balón de Oro que tenía esa plantilla que le dieron a Lopetegi--, la cuestión no se reduce a un simple gusto futbolístico.

Solari no puede permitir que Isco ponga en duda su principio de autoridad, pero por el bien de su club debería buscar una reacción. Porque si se trata de un pulso, será el jugador quién le derrote a la larga. Porque lo sabe Isco, y lo sabe todo el madridismo, el contrato de Solari por tres temporadas es papel mojado, como fue el de Lopetegi. Esa interinidad es la que hace inútil su estrategia ante Isco.

La drástica gestión de Solari es la que harían muchos entrenadores, no la que haría un Valverde más contemporizador. Esa es la gran suerte del Barça. Y la gran suerte de Dembelé. Quién por cierto se sabe titular a mediados de enero, pero no tiene ninguna garantía de serlo en una hipotética final de Champions en junio. Ese es el reto que le plantea Valverde, que protege pero no regala. Si quiere mantenerse en el once titular, se lo tendrá que ganar a través de su rendimiento.