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LA CLAVE

Pedro Sánchez, el pasado 28 de diciembre, en la Moncloa. 

JOSÉ LUIS ROCA

Las cuentas de Sánchez

Enric Hernàndez

Con un tripartito de derechas en el horizonte, ni el independentismo ni los otros socios de la moción de censura tienen incentivos para precipitar elecciones

El anuncio de Pedro Sánchez en Barcelona no es un farol. El presidente se ha fijado el objetivo de agotar la legislatura pese a todos los pesares, y a riesgo de que el deterioro de la situación política o de la marcha de la economía pueda lastrar sus expectativas electorales en la primavera del 2020. Junto al lógico apego al poder, compartido por todos los gobernantes, su determinación obedece sobre todo al cálculo político. Veamos.

Ante la incertidumbre reinante, los estrategas de la Moncloa no tienen muy en cuenta las encuestas, cada vez más falibles como demuestra el precedente andaluz. La fragmentación política y la fuerte polarización azuzada por el conflicto catalán, que atestigua la irrupción de Vox, dibujan tal volatilidad electoral que los 45 días que median entre la convocatoria y la celebración efectiva de los comicios devienen toda una eternidad. La ventaja presidencial de llamar a las urnas a conveniencia ya no es tal.

En Barcelona, el líder del PSOE ha instado a PP y Cs a “esperar sentados” el anticipo electoral, pero los verdaderos destinatarios de su aviso son Esquerra y el PDECat. El líder socialista les recuerda que de vetar las cuentas del 2019 no precipitarían las elecciones; solo prorrogarían las del año pasado, privando a los catalanes de más inversiones públicas, a los pensionistas de mejores prestaciones, a los funcionarios de la prometida alza salarial… Bien sabe el independentismo qué implica carecer de presupuestos, no en vano la Generalitat afronta su segundo ejercicio sin ellos.

El juicio del 'procés'

Cuenta Sánchez con que, por severo que sea el juicio a los líderes del ‘procés’, en ERC y PDECat pesará más el temor a un tripartito de derechas que triture el autogobierno catalán. Ello, sin excluir que la respuesta a la sentencia del Supremo agudice, aún más, el cisma independentista.

Para los socios de la moción de censura, pues, la ausencia de incentivos para el adelanto electoral constituye un pegamento tanto o más robusto que el afán de derrocar a Mariano Rajoy. Esas son, al menos, las cuentas que echa Sánchez.