23 feb 2020

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Desafíos urgentes

Vladímir Putin y Xi Jinping se saludan durante la cumbre del G-20 en Buenos Aires, el 1 de diciembre.

REUTERS

Nueva ONU para un nuevo orden mundial

Anwar Zibaoui

El mal uso del veto, no rendir cuentas y el desequilibrio estructural han reducido el papel del organismo, impotente para abordar problemas realmente acuciantes

La última cumbre del G-20, en Buenos Aires este diciembre, mostró discordia y poco contenido. Se trata de la reunión de los líderes de las 20 naciones que suman más del 85% del PIB mundial y 70% de la población. El mundo está entrando en una nueva era. EEUU ya no es la potencia hegemónica, mientras China y Rusia ascienden como actores políticos, económicos y militares. Surgen nuevos bloques regionales económicos. El desafío cada vez es mayor.

La ONU se estableció en 1945, para reemplazar a la ineficaz Liga de las Naciones que no había podido evitar la guerra mundial. Pero en cuanto se estableció, EEUU y sus aliados se alzaron para dominar la agenda global. Y, el tiempo ha demostrado, que la ONU actual sirve a los intereses de los cinco miembros permanentes, que no se comprometen con la organización si esta no cumple con sus expectativas.

En estas décadas, el mundo ha hecho grandes progresos, avances médicos, científicos, sociales y tecnológicos. La cuarta revolución industrial liderada por la tecnología que duplicó sus capacidades y superó las fantasías más imaginativas. Pero, este mismo mundo también está lleno de corrupción, avaricia y nuevas guerras. De pobres, refugiados y desplazados que huyen de sus hogares. Se amenaza la seguridad global, de los bancos, de las elecciones. Hay una crisis de identidad, resurge el populismo hostil al pluralismo y la diversidad, se reconstruyen muros...

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Este nuevo mundo es caótico, y los desafíos superan a los estados. El poder es más difuso y las relaciones internacionales se están volviendo impredecibles. El aumento de políticas proteccionistas y sentimientos nacionalistas choca con la realidad. La globalización no se puede detener, pero debe ser más inclusiva, sostenible y debería crear trabajo. Los planes estratégicos deben reconfigurarse. Es preciso claridad de visión, agilidad y pragmatismo.

La comunidad internacional se enfrenta a complejos retos como los derechos humanos, las guerras comerciales, o el cambio climático que a su vez contribuyen a los crecientes niveles de migración y sus consecuencias. Pero no aparece ningún tipo de consenso mundial. Algunos de estos problemas están interconectados y no pueden ser rescatados a través de soluciones provisionales.

La ONU estaba destinada a mantener el respeto a la ley, la paz y la seguridad global. Pero el mal uso del veto, la falta de rendición de cuentas y el desequilibrio estructural han reducido su papel. La ONU actual refleja la impotencia para abordar realmente problemas acuciantes. El orden conocido desde la Segunda Guerra Mundial termina, y algo nuevo está en proceso de conformación. No puede haber esperanza para la ONU si continúa operando en base a supuestos erróneos y no debería ser precisa otra guerra global para que se reforme. Es necesario un nuevo orden internacional basado en nuevas reglas, capaz de lidiar con los cambios y de responder a los problemas globales con soluciones globales.